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“Entretejiendo Vínculos”
La  Adolescencia

Hoy les propongo pensar juntos la adolescencia, entidad única e irrepetible que merece toda nuestra atención, cuidado, protección y miradas, pensando todo nuestro accionar como adultos, convocándonos a una toma de conciencia  en relación con lo que está aconteciendo con nuestros adolescentes, causa de los grandes cambios socio-económicos y tecnológicos y de nuestro funcionar como padres, educadores y adultos responsables de acompañar y sostener este momento vital fundamental para ellos y para toda la familia.
Estamos insertos en una sociedad donde reina la confusión de los valores, donde el deseo tiene que ser inmediatamente cumplido, en el todo ya, donde prima  el horror ante la menor frustración y el temor al fracaso, lo cual ha generado “padres confusionales”, negligentes, culposos, donde se tapan las faltas, las ausencias con la Cultura del Tener, calmando muchas veces la demanda de afecto con objetos, satisfaciendo todos los deseos, donde se deja a los hijos sin conocer las frustraciones reales y el “No todo se puede” brilla por su ausencia. En la sociedad actual, hay una exacerbación de los deseos y ante la no obtención de lo demandado aparece la frustración, el sufrimiento, enlazados a situaciones de enojo, violencia, furia ante la no consecución, esto se debe a que hay una ausencia en la construcción de un colchón que haga de soporte a las frustraciones que pueden ir surgiendo  en la vida, donde la tolerancia y la capacidad  de espera no se han podido interiorizar. Es un momento importantísimo en la vida de nuestros jóvenes el atravesamiento por la adolescencia, por eso es fundamental nuestra posición frente a ellos y asumir con firmeza nuestra función de padres, deben sentir que hay otro que los sostiene, que los acompaña, que hace de soporte de los enfrentamientos, críticas y desafíos de las frustraciones, angustias y que ante las diferencias que comienzan a surgir no se derrumben.
El padre debe asumir y ocupar su lugar de adulto, no negar las diferencias generacionales, el apelar a otro, el enojarse, el diferenciarse; “el saber que está” otorga seguridad y confianza  y crea un contexto posible para crecer. En esta etapa de grandes cambios, metamorfosis, transformaciones, construcción de su nueva identidad, necesita despedirse, duelar instancias anteriores de dependencia infantil, abandonar la idealización de sus padres, humanizarlos, lograr separarse simbólicamente de ellos y de los deseos proyectados de los padres hacia sus hijos, para iniciar el abordaje  del mundo exterior. El fenómeno grupal adquiere una importancia trascendental ya que se transfiere al grupo gran parte de la dependencia que anteriormente se mantenía en la estructura familiar, el grupo constituye así la transición necesaria al mundo externo para luego lograr la individuación adulta. El adolescente tiene que hacer frente a la pérdida del cuerpo infantil a la cual se une la pérdida del rol infantil. Esto conmociona y ocasiona acting out apareciendo conductas de desafecto, crueldad con el objeto, de indiferencia, de falta de responsabilidad. Éstas son conductas transitorias  que luego varían al transitar este período y elaborar la infancia perdida. Por eso es de suma importancia que los padres no renuncien a su función y no deleguen a otros sus responsabilidades ya que sus hijos los necesitan. Ahí está funcionando la identidad de los adultos, su debilidad o no en adquirir el rol, el nivel de responsabilidad y decisión en la vida de sus hijos. Muchos papás no saben qué hacer, están desorientados, creen que no saben educar o que no pueden y delegan en otros (abuelos-cuidadores-escuela), dejando y cediendo su función y con ello el poder sobre sus hijos. Debemos implicarnos activamente en este proceso propiciando el despegue, acompañándolos en la construcción de la nueva identidad, en sus duelos, auto descubrimientos, dudas, incertidumbres, inseguridades, nuevos llamados internos, nuevas elecciones. ¿Cómo? Escuchándolos en sus nuevas voces, opiniones, códigos que irán construyendo, dialogando, aceptando las diferencias, los nuevos proyectos, anhelos, deseos. No es lo mismo crecer en un ambiente de respeto, dignidad, implicación social, compromiso que en otro donde los referentes son la competitividad, el individualismo, el consumo, la falta de participación, de referentes de comunicación, la incoherencia y los mensajes contradictorios generando una trama confusa e inestable para el adolescente, sumados al estado de indefensión y desamparo propios de la edad. La sociedad de mercado y consumo “parecería” que desconoce el efecto que produce en el sujeto adolescente. La salida abrupta de lo familiar por parte del joven obstruye los procesos propios de la adolescencia y fomenta el aumento de reacciones impulsivas por parte del chico. El proceso de separación debe ser gradual, ni facilitársela ni hacérsela demasiado difícil (padres retentivos-sobreprotectores). Discutirán, pelearan pero sobre todo deben dialogar, surgirá un vacío, ya que habrá pérdidas para ambos pero se transformará con la recuperación de la relación. La adolescencia implica el enfrentamiento del hijo con la soledad, saberse solo implica saberse sujeto, persona, pero sentirse prematuramente solo y no tolerarlo lo podría llevar a recurrir a un objeto que borre las diferencias, procurando impedir el sentimiento de vacío y soledad (taponando): es el caso de las adicciones, actuaciones delictivas, relaciones sexuales prematuras; son algunas de las formas frustradas de salida del adolescente desde la familia a la cultura, cuando no hay continencia parental.
Volvamos a construir historias, vivencias, tramas simbólicas, recuerdos, valores, normas para que no se continúen produciendo Arrasamientos Subjetivos, la ruptura de lazos, la des subjetivizacion de las relaciones, el amor líquido y escurridizo que no deja huella ni marca. Ayudémoslos a construir enlaces amorosos, el otro también existe, no construyamos gigantes con pies de barro, construyamos  cimientos  más sólidos para el bien-estar de nuestros hijos, la familia y la sociedad toda.
Hasta pronto, los saluda
Lic.Mariana Miguez – Psicóloga
M.N 20.577 - M.P 82.187
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