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Septiembre de 2009
¿De que hablamos, cuando hablamos de DISLEXIA?

La dislexia es un trastorno específico en el aprendizaje de la lectura, que pueden presentar niños cuyo coeficiente intelectual es normal y han recibido la estimulación y oportunidad sociocultural adecuada para su edad. Las adquisiciones en el ámbito de la lectura, el deletreo y la escritura están muy por debajo de lo esperado para el nivel escolar en el que se encuentran.
Se observa en estos niños, una lectura hiperanalítica, en ocasiones “casi descifratoria”. Muestran tendencia a realizar inversiones (sol x los, la x al); rotaciones ( d x b, p x q) ; sustituciones (aguelo x abuelo, llerbas x hierbas) y omisiones ( gande x grande, pero x perro) ,de letras sílabas o palabras.
Frecuentemente, la dislexia, se pone de manifiesto durante los primeros años de la escolaridad formal, pero hay algunos indicadores que se evidencian más tempranamente. Algunos niños, luego diagnosticados como disléxicos, han presentado un leve retraso en la adquisición del lenguaje. También han mostrado dificultades para aprender conocimientos que impliquen secuencias verbales, como los días de la semana, su número telefónico, etc. Poseen dificultades en el procesamiento fonológico del lenguaje, es decir en la capacidad para reflexionar respecto a los sonidos de las letras, sílabas y palabras.
En el aula se ponen de manifiesto, además de las características ya mencionadas, conductas peculiares que el docente puede detectar, como la tendencia al deletreo y la baja comprensión lectora debido al particular ritmo lector.
Es muy importante estar alerta frente a estos signos para poder empezar a trabajar con el niño lo antes posible y no confundirlo con otras dificultades o trastornos, como el negativismo, déficit de atención o problemas de conducta. En algunos casos hay comorbilidad (coexistencia) con algunos de estos trastornos mencionados pero en otros solo se observan manifestaciones comportamentales de surgimiento o manifestación secundaria al trastorno de aprendizaje.
Suele suceder, que en los inicios de la escolaridad formal, pleno auge del aprendizaje de la lectoescritura, el niño se muestre hostil, desinteresado y hasta disperso. En ocasiones se observan conductas disruptivas en la dinámica áulica. Pero ¡ojo! aquí, nuevamente les recalco, que el comportamiento del niño puede ser secundario a un trastorno específico de aprendizaje. El niño no encuentra un punto de anclaje para sus aprendizajes. No puede aprender, como ve que van aprendiendo sus compañeros. No entiende lo que lee. No puede copiar correctamente del pizarrón y tarda mucho. No entiende las consignas escritas. Le cuesta mucho poder escribir, aunque sea una breve oración, en el cuaderno. Éstas son tan solo algunas situaciones con las que se enfrenta el niño diariamente y podría seguir describiendo muchas más. Ahora la pregunta que nos deberíamos hacer cuando observamos la conducta del niño es cómo no sentiríamos nosotros o cualquier otra persona frente al constante fracaso. ¿No trataríamos de evitar estas actividades que nos generan gran frustración, por cualquier medio?, ¿no nos negaríamos a realizarlas?, ¿no nos enojaríamos?, ¿no preferiríamos conversar con el compañero en vez de enfrentarnos con estas actividades?. Pongámonos en el lugar del niño con un trastorno específico de aprendizaje y luego volvamos a nuestro rol adulto para poder brindarle al niño las herramientas necesarias para que pueda continuar aprendiendo. Busquen  ayuda, consulten con un especialista del área de la psicopedagogía para poder así, realizar una oportuna evaluación psicodiagnóstica  y delinear las estrategias adecuadas para ayudar al niño.
Lic. María Fernanda Cabrera – Psicopedagoga.
Consultas al: 4758–6231 ó 15-6977–7150 - Centro A-Ser