VOLVER A INDICE / NOTAS

Todo tiene un final…
Todo termina…

Siempre que algo llega a su fin, nos moviliza. Nuestros hijos terminan el jardín de infantes, la escuela primaria o secundaria, la universidad, terminamos una carrera, o llega fin de año. Ninguna de estas ocasiones pasa desapercibida. Las vivimos con alegría, entusiasmo, ansiedad, tristeza, angustia o melancolía. Ese último período es acompaña-do por sentimientos y sensaciones nuevas y distintas.
Cada final significa para cada uno de nosotros una especie de símbolo de nuestra propia finitud, nuestro pensamiento toma conciencia de lo efímero de la existencia cuando transcurre el término de algún ciclo vital. Tomamos conciencia de nuestra temporalidad.
Por eso para muchas personas la época de fin de año aparece teñida de tristeza y depresión. No siempre se pueden repetir los modelos publicitarios navideños Cuadro de texto: Termina un año, pero lo más importante es que comienza otro, con nuevas esperanzas, con nuevos desafíos, en un mundo cada vez más rápido y cambiante que nos exige cada día más y que sólo podremos enfrentar con optimismo y confianza.plagados de felicidad, armonía y entusiasmo. Es un momento donde se alinean varios factores que pueden potenciar estos sentimientos: exceso de actividades, cansancio físico, recuerdo de seres queridos que ya no están, balances sobre triunfos y fracasos, ganancias y pérdidas.
También el año que comienza, como todo lo nuevo, genera ansiedad e incertidumbre. En cada uno de nosotros conviven el presente, el pasado y el futuro, aun-que el presente casi no exista por proyectarse a lo que va a venir. El fin de año es un presente conciente del paso del tiempo.
La manera en que vivimos estas experiencias tiene que ver con nuestra personalidad y nuestra historia. Las personas con tendencia a la depresión se identifican con estas situaciones y reaccionan desde su tendencia a responder con tristeza a los cambios. Para la mayoría es una celebración vivenciada con la alegría del reconocimiento del crecimiento realizado, los logros compartidos, los afectos disfrutados, situaciones de las cuales algunos no pueden tener registro y sólo pueden reconocer los rasgos oscuros de su realidad.
Para que esto no suceda, se debería:
*Diseñar un “plan” para la época. Planear encuentros y festejos que le sean placenteros, no acceder a más de lo que realmente pueda hacer, no se sienta presionado ni se presione.
*Si se empieza a sentir presionado, tómese tiempo para descansar, estar solo y pensar en lo que le hace bien.
*No empañe su felicidad pensando “cómo deberían haber sido” las cosas, sea realista acerca de sí mismo y de los demás.
*No modifique demasiado su rutina, sentirse organizado es muy importante para sentirse seguro, conserve hábitos de alimentación, ejercicios físicos, etc.
*Simplifique. Decida cuáles son las actividades más importantes e interesantes y concéntrese en ellas.
*Evite consumir en exceso bebidas alcohólicas. Si hay una personalidad proclive a la depresión, la favorece.
*Si no tiene con quién pasar las Fiestas, ofrézcase como voluntario y ayude a los que lo necesiten. Es la mejor manera de transformar su significado.
*Enfoque sus energías a las oportunidades que le depara el nuevo año, y no a lo que quedó inconcluso en el anterior.
Por supuesto, hay que diferenciar claramente lo que puede ser un sentimiento de tristeza esperable frente a estos acontecimientos con una depresión propiamente dicha. Se debe interrogar acerca de si estos sentimientos limitan la vida cotidiana, trabajo, pareja, familia, vida social. Si pierde la capacidad de disfrutar de cosas que hasta ese momento le eran placenteras, pueden ser síntomas de una depresión y debe consultar a un profesional.
Termina un año, pero lo más importante es que comienza otro, con nuevas esperanzas, con nuevos desafíos, en un mundo cada vez más rápido y cambiante que nos exige cada día más y que sólo podremos enfrentar con optimismo y confianza.
Lic Carina M. Sívori.
Psicoanalista.
M.N. 20.662 - M.P. 91.463
Consultas al: 15-6953-7703 ó 4758-1740