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Trastorno generalizado del desarrollo (TGD), descripción e intervención.

El trastorno generalizado del desarrollo es una entidad diagnóstica que agrupa una serie de cuadros:
Trastorno de Rett.
Trastorno de Asperger.
Trastorno autista.
Trastorno desintegrativo de la niñez.
Trastorno generalizado del desarrollo no especificado

Estos diferentes trastornos tienen ciertas características comunes que involucran, en mayor o menor medida, la dificultad para entablar y sostener relaciones y vínculos sociales; inflexibilidad frente a los desafíos e imprevistos cotidianos; dificultad para comprender el doble sentido, chistes e ironías. Poseen muy buena memoria, sobre todo en algunos campos específicos y restringidos de interés, (planetas, trenes, fechas, dibujitos animados, etc.), por los cuales suelen interesarse obsesivamente, mientras se muestran indiferentes frente a muchos otros estímulos, que suelen interesarle a sus pares. Muestran dificultad para sostener la mirada y poseen un lenguaje formal muy correcto, en ocasiones atípico para la edad.
Kanner ha formulado una frase: “La insistencia en la mismidad”, que a mi parecer, grafica claramente las conductas atípicas observables en éstos niños, como las estereotipias, rituales, obsesiones e intereses acotados.
Ya descriptas brevemente las características principales del cuadro, es importante insistir sobre la necesitad de realizar un diagnóstico temprano y de pensar en “el aquí en mas” y diseñar una propuesta terapéutica y educativa adecuadas para cada niño en particular.
Cuanto antes se comience a trabajar, mejor es su pronóstico. Los adultos que trabajemos con cada niño, debemos poder meternos en su mundo para  desde allí poder crear, armar e interpretar signos compartidos que ayuden al niño a ser parte integrante de ésta sociedad, compartiendo “los malestares de la cultura”, en palabras de Freud, renunciando al mundo instintual, para convertirnos en seres sociales, compartiendo una misma cultura , conociendo y reconociendo a los otros como sujetos con deseos y necesidades, que merecen ser tenidas en cuenta como las propias, ya que a través de la relación con el otro, uno constituye su “ser social”.
Es de gran importancia que el trabajo terapéutico contemple éste aspecto, ya que en general los niños con TGD, muestran dificultades para tener en cuenta los efectos de sus acciones sobre los demás. Por su parte la propuesta educativa, debe ajustarse a cada niño, teniendo en cuenta sus potencialidades y dificultades, su edad, el trabajo que se ha hecho hasta el momento, etc. Por eso insisto en la importancia del diagnóstico e intervención tempranos, ya que la plasticidad cerebral de los primeros años, permite la compensación de áreas deficitarias, como no se logra después, con el avance de los años.
Igualmente, recuerden, que siempre el trabajo para ayudar a un niño es posible si hay adultos predispuestos, capacitados y convencidos de que las adecuadas intervenciones producen cambios significativos en los niños.
Lic. María Fernanda Cabrera (Psicopedagoga) – RN: 8327-2002 / RP: 281. Coordinadora de Centro A- Ser.  Consultas: 15-6977-7150 / 4758-6231.