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SU MAJESTAD, EL TELEVISOR.

En un trabajo de investigación sobre adelantos tecnológicos del último siglo nos encontramos con una nota realizada al prestigioso médico argentino Florencio Escardó -La Nación 13 de agosto de 1980- la misma versaba sobre los efectos de las radiaciones del televisor sobre la audiencia y las plantas sometidas a experimentaciones de comprobación.
En ella cuenta Escardó que la Comisión Internacional para la Protección contra las Radiaciones produjo un informe cuya conclusión fue: "... que la acumulación de fuentes de energía eléctrica y de aparatos sobre la Tierra lleva a un sistema compuesto que puede conducir a trastornos del ritmo vital, pasajero o duraderos, del estado general y del sistema nervioso, afirmando a su vez que según la orientación del televisor en el cuarto da lugar a la producción de factores secundarios biofísico y origina "un efecto Doppler", produciéndose en el lugar ondulaciones y frecuencias confusas que influyen momentáneamente sobre el bienestar y a la larga sobre el estado de salud".
John Nast Ott (científico) cubrió la mitad del tubo de imagen de un televisor a color con una protección de plomo, como la que se usa para evitar la expansión de los rayos x, la otra la tapó con un papel negro de grosor que evitara la luz y los ultravioletas permitiendo el paso de las frecuencias electromagnéticas. Colocó seis macetas con plantas de porotos, brotadas, frente a cada mitad del tubo y a diferente altura, otras seis quedaron al aire libre fuera del sitio de experiencia. Al cabo de tres semanas las que estaban frente a la mitad del tubo protegida por el plomo y las que habían quedado al aire libre crecieron más de 15 cm. viéndose sanas, en cambio las otras, enfrentadas a la mitad protegida por el papel negro, se habían distorsionado por las radiaciones tóxicas y crecían como enredaderas y sus raíces salían de las macetas.
Nos preguntamos: si la radiación de la televisión degeneró el crecimiento de las plantas ¿cuántas personas habrán sido afectadas por las radiaciones del televisor, ante de las experiencias de Ott? Y hoy ¿qué pasa con las personas con este y otros adelantos tecnológicos de uso doméstico?, ¿las autoridades sanitarias son capaces de cuestionar los silencios de la industria?
Frente a notas como la realizada al Dr. Escardó ¡qué parias nos sentimos!, pero no por eso debemos callar nuestras voces. Hagamos votos para que todos los legisladores y gobernantes del mundo tomen conciencia de la importancia de subvencionar a la investigación en aras de optimizar la salud de la población mundial.
2do Año Humanidades