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Sexualidad Infantil:
Que Hacer Frente a ella.

Estrategias para no sonrojarse.

La sexualidad es parte de la vida de todos nosotros y para que se desarrolle en forma sana,  saludable es importante que los padres acompañen a sus hijos en esta evolución, como otro aprendizaje más de la vida. Explorar, investigar, descubrir, curiosear… premisas fundamentales en los primeros años de vida.
A muchos papás les cuesta hablar con sus hijos sobre sexo, algunos porque les da vergüenza, otros temen no encontrar palabras adecuadas para explicarlo o sencillamente porque no saben cómo empezar. En principio debemos desmitificar la sexualidad, naturalizarla para poder propiciar espacios de diálogo y encuentro entre padres e hijos, ya que estos temas despiertan diversas inquietudes en los adultos.
Algunas de las estrategias para poder abordar estos temas es responder siempre con la verdad de manera clara y sencilla, adecuándose al momento evolutivo que los niños se encuentran y no obturando ni silenciando la curiosidad natural, el deseo de saber, sus dudas, preguntas ya que estarían cerrando una vía de comunicación valiosa y generando un malestar entorno a este tema, dejando registro que “de ello no se habla”, “eso no se hace” y si se inhibe la curiosidad infantil puede hacerlo sentir al niño inseguro, temeroso, generar dificultades en sus relaciones, dejarlo fijado en este tema que no ha encontrado respuesta o un espacio para ser desplegado, fijar un pudor excesivo con su cuerpo, todo esto a causa de los tabúes y prejuicios de los adultos. Es importante encontrar un equilibrio, ni excedernos en información que no estén preparados para procesar,  ni desviar el tema, que los chicos sientan que los adultos a los cuales se remiten se están ocupando de sus inquietudes, preguntas,  esto les brinda seguridad y confianza.
La sexualidad de los niños es autoerótica y encuentra su satisfacción en el propio cuerpo, tiene su apoyatura en funciones fisiológicas (oral: succión; anal: estímulos producidos por las secreciones; genital: ligada a la micción,  todavía no tiene el papel que tendrá en el porvenir). El contacto con las secreciones,  lavados, frotamientos, hacen que la sensación de placer emane de esa parte del cuerpo desde la primera infancia y despierta en ellos un deseo de repetición. Estos serían las primeras manifestaciones sexuales masturbatorias.
El tocarse, el conocerse, forman parte del normal desarrollo de la sexualidad infantil. Pero ¿Qué nos pasa cuando sorprendemos a nuestros niños “tocándose”, “mirándose”, “exhibiéndose”? Varias pueden ser las reacciones de los adultos ante esta escena infantil, la cual determinará en muchos casos la posición de nuestros niños con respecto a este tema:  
1) Pedirle que renuncie a su obtención de placer, sintiéndose los padres incómodos, molestos, retando o castigando, diciendo “sacate la mano de ahí”, “eso no se hace”, “es una cochinada”.
2) Habilitando a medias, diciéndole “que se vaya a tocar al baño y que luego se lave”, mensajes confusos que se deben evitar encierran un concepto permisivo y otro punitivo.
3) Acompañar este estadio de su evolución natural venciendo los prejuicios y pudores personales, construyendo juntos un espacio de cuidado de su propio cuerpo, de su intimidad y privacidad, apelando también al pudor (incorporando un límite de lo que se puede mostrar y dónde).
¿Será que resulta difícil aceptar que este pequeño tiene una sexualidad propia? ¿O estará evocando lo que sucede con la sexualidad del adulto? Antes de sancionar, retar,  prohibir sería importante rever qué de la historia del adulto entra en juego en esa escena.
Pero cuando el tocarse es en forma excesiva y los actos masturbatorios son compulsivos es importante detenerse a pensar qué lugar está ocupando esto, parecería que el niño se refugia en esta práctica autoerótica  obteniendo cierto plus de placer o de satisfacción, ahí donde no lo está consiguiendo en la cotidianidad de su vida, el mensaje que podríamos leer sería: si en el afuera no encuentro los medios de satisfacción pues recurriré a mi propio cuerpo como medio de obtención de la sensación deseada.
La masturbación compulsiva podría estar en el lugar de un llamado al otro, ahí donde el otro no adviene se convoca al propio cuerpo. Por eso es importante diferenciar cuando los chicos se tocan en la vía del autoconocimiento, el descubrirse, de la curiosidad sexual,  de cuando el refugio en el propio cuerpo es un recorte de una realidad que no lo satisface. Esto nos podría estar hablando de un niño que se aburre, que está angustiado, que presenta carencias afectivas, ausencias, situaciones conflictivas, que se siente que no está siendo alojado en el otro, que el otro adulto no se acerca a lo infantil de él, entrando en un estado de ensimismamiento produciéndose una sensación productora de placer o de descarga.
Toda esta exploración infantil debe estar acompañada por los papás, quienes son los que guían, contienen, cada uno con su modalidad, historia personal, con acuerdos compartidos para lograr un buen desarrollo psicosexual.
Lic.Mariana Miguez. Psicologa. M.N 20577-M.P 82187.
Coordinadora Centro A-Ser. Asesoramiento y consultas:
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