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Será, será, será como mamá y papá…

Muchos padres suponen que, al momento de anunciarle a su hijo o hija que su mamá está embarazada, se sorprenderán y recibirán la noticia como absoluta novedad. Sin embargo, la mayoría sabe que hay un bebé en camino mucho antes de que se les comunique el acontecimiento. Los chicos son muy susceptibles a los cambios que se producen en la familia y el hogar y, por lo tanto, "leen" señales e indicios que sus padres creen que pasan inadvertidos.
El anuncio de la llegada de un nuevo bebé a la familia debe darse en un ambiente de contención, tranquilidad y unión entre los padres y los hijos. Así, ellos podrán desplegar las reacciones sin censuras y se animarán a hacer todas las preguntas que les surjan.
En cuanto al momento más prudente para comunicar la noticia, se recomienda esperar a que se note la panza. Así, los chicos tienen una evidencia concreta de lo que está pasando. Incluso, llevarlos con los padres a ver una ecografía ayudará a que comprueben de manera más realista la existencia de un bebé dentro de sus mamás. Es importante, además, saber que el embarazo progresa de manera normal para compartir la novedad con los hijos.
Antes de la noticia del nuevo hijo, la vida familiar discurre en un orden ya establecido. Con este cambio, viene también una reorganización no sólo de las rutinas, sino también de la atención que se les brinda a los hijos mayores. Y entonces, de pronto, la conducta de los chicos cambia: pueden tener  regresiones, estar  más demandantes o quizás agresivos. En pocas palabras: llegaron los celos al hogar.
Al nacer un hermano, comienza el largo aprendizaje de compartir la vida con un par. Alguien con quien se comparte mucho pero con quien también se tienen diferencias significativas.  Al nacer un hermano, comienza un vínculo que se mantendrá a lo largo del tiempo y que sufrirá transformaciones. La relación entre dos o más hermanos está muy influenciada por la vida familiar en general. Por eso, pensar en la relación entre los hermanos implica también pensar en las funciones parentales; los padres con sus actitudes, palabras y decisiones pueden favorecer u obstaculizar el vínculo entre hermanos.
La relación fraterna presenta una fuerte ambivalencia. Por un lado, fuertes sentimientos de lealtad y compañerismo y, por otro, cierta cuota de rivalidad y competencia. Es importante tener en cuenta que la relación supone ambas; una fraternidad que acerca y genera compañerismo y una competencia no violenta que surge como necesaria búsqueda de mantener las diferencias individuales.
Tanto los hermanos consanguíneos, como los adoptivos, van construyendo y haciendo sólido el vínculo gracias a que poseen una historia en común y un espacio compartido.  En la infancia, los juegos en común fraternizan. En la adolescencia,  la unión se genera a partir de la rebeldía y los cuestionamientos que se hacen a los padres.  Cuando es poca la diferencia de edad pueden surgir conversaciones a puertas cerradas que muestran una fuerte intimidad fraterna. Cuando la diferencia es mayor, el adolescente se encuentra con la posibilidad de cuidar de sus hermanos menores y de descubrir en él aspectos protectores que desconocía.
Por encima de todo, es fundamental que los padres le recuerden constantemente que tienen amor para todos los hijos, sin discriminación y con igual intensidad
Los hijos deben sentirse reconocidos como personas individuales y ser valorados. Si los roles están claramente diferenciados, nadie compite en extremo por ocupar su lugar. En las familias debe respetarse la identidad personal de cada hijo, dándole a cada uno su espacio propio. Esto fortalece la estima y una sana autonomía.
Los padres tienen que tolerar y respetar la fuerte intimidad fraterna. Deben sembrar el terreno para que crezcan las posibilidades de intercambio. Todas estas experiencias servirán de sustento para que el vínculo tome distintas formas en la adultez. 
Gracias a una historia común y a padres que favorecen el vínculo, el afecto entre hermanos se profundiza. Los hermanos serán, un fuerte sostén para enfrentar las complejidades de la vida cotidiana y para disfrutar de los momentos felices que la vida les regale.
Lic. Paola Calfapietra – Psicóloga – MN: 32.967 / M.P: 93.264.
Coordinadora Centro A-Ser.
Consultas y asesoramiento: 15-6591-8905