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Bullying. ¿De qué se trata?

No se  puede negar que durante la infancia y la adolescencia aparece un fenómeno usual, el de poner “motes”, sobrenombres, hacer “cargadas”, generalmente a quienes tienen características diferentes a los demás. Históricamente aquel que usa anteojos, aquel que es gordo, o demasiado flaco, pelirrojo, demasiado alto o bajo para su edad, morocho o muy blanco, ya sea por el nombre o por el apellido, básicamente todo puede ser blanco de alguna “cargada”.  Más allá de saber que esto normalmente sucede, deben existir límites en la intensidad y la intención de estos fenómenos, para no llegar a lo que se llama “bullying”. Mucho se habla en el ámbito escolar de este término. Los medios de comunicación y las redes sociales lo refieren constantemente. Pero lamentablemente muchos también subestiman su poder, o mejor dicho, el poder de sus consecuencias. Para que esto no suceda hay que saber de qué estamos hablando.
El bullying es básicamente un acoso escolar, es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico realizado entre escolares de forma reiterada y extendido en el tiempo. Es una forma característica y extrema  de violencia escolar, generalmente emocional. Estadísticamente los protagonistas de este fenómeno son niños o niñas pre-adolescentes y adolescentes (12-14 años) siendo un tanto mayor el porcentaje de niñas como víctimas. ¿Por qué la mayoría son niños de esas edades? Básicamente porque están transcurriendo un momento de reorganización psíquica que los hace particularmente vulnerables. Son vulnerables en lo emocional, en lo físico y en lo social. Es una etapa donde el grupo de pares funciona como grupo de pertenencia e influye enormemente en la vida del pre-adolescente. Ser aceptado es un objetivo primordial en esta etapa. Por todas estas características nunca es “casual” ser víctima de bullying, o dicho de otra manera: no cualquiera lo es. Generalmente la víctima es vulnerable, o está transcurriendo un período de vulnerabilidad donde todavía no pudo armar las defensas suficientes como para protegerse eficazmente de este tipo de violencia. Por otro lado el acosador generalmente es acompañado, en complicidad por un grupo de amigos implicando un abuso de poder. Este supuesto poder ejercido por un agresor más fuerte puede ser real o percibido subjetivamente. Muchas veces en retrospectiva, analizando situaciones pasadas siendo adultos, muchos pacientes no entienden por qué tal o cual personaje lograba intimidarlos de tal manera. Obviamente es muy fácil re pensar estas situaciones con la fortaleza psíquica adquirida durante el crecimiento y el análisis. En ese momento era otra realidad.
 Hay que estar muy atentos tanto las familias como los educadores a este fenómeno, no subestimar los dichos de los chicos cuando lo pueden poner en palabras y tener en cuenta muchos otros síntomas que nos pueden dar indicios de este problema. Hay cambios en el juego, en las costumbres y hábitos, y principalmente en el ámbito social, se aíslan, no quieren salir con sus amigos y básicamente no quieren ir a la escuela.
Para esos niños el acoso escolar es una especie de tortura metódica y sistemática donde quedan expuestos física y emocionalmente ante el maltratador y sus cómplices. Es común que vivan aterrorizados y que se muestren muy nerviosos, tristes y solitarios en su vida cotidiana. Las consecuencias de este padecer pueden ser muchas pero todas disfuncionales, en algunos casos la severidad de la situación puede llevar a pensamientos cercanos al suicidio o incluso a la materialización del mismo.
Vivimos en un mundo donde lamentablemente la violencia es parte de nuestra vida cotidiana, y seguramente esta realidad influye para que los casos de bullying sean cada vez más y más graves. Como en la mayoría de la problemática que transcurre en la infancia y adolescencia, no sólo hay que observar y escuchar profundamente a los chicos sino hacerse de las herramientas necesarias para ayudarlos. Tanto padres como educadores deben informarse o recurrir a especialistas para asesorarse y saber qué y cómo hacer para ayudar tanto a la víctima como al agresor y cortar con este círculo que dejó de ser un juego de niños…
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 / M.P. 91463. Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.