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Trastornos del sueño y la vigilia

Es conocido por todos que durante el primer año de vida de los niños el tema del “dormir de noche” es protagonista de las conversaciones y preocupaciones de los padres. El sueño, además de una necesidad fisiológica también forma parte de un hábito que se adquiere, que se aprende. Es parte de las tantas rutinas que el niño debe ir incorporando mientras se va desarrollando.
Existen casos donde pareciera que esos hábitos no se terminan de adquirir y esto se transforma en los denominados trastornos del sueño y la vigilia. Así llamados porque no dormir bien modifica toda la vida diurna, son problemáticas que invaden todas las actividades, repercuten en la vida en general.
A pesar de la suposición general que los trastornos del sueño comienzan en la edad adulta, muchos pacientes manifiestan que el origen de su problema remite a sus primeros años de vida. Por lo tanto, es muy importante prestar atención a este fenómeno en los niños como una forma de prevención de posibles alteraciones crónicas que pueden terminar en alguna disfunción social o escolar posterior.
La cantidad de horas de sueño obviamente se van modificando durante el desarrollo del niño hasta la vida adulta, la evolución desde el punto de vista biológico del niño va a ir disminuyendo la cantidad de horas de sueño. Un bebé recién nacido duerme casi 20 horas en total, luego se van espaciando los horarios de sueño y vigilia.
Además de estas determinaciones del desarrollo propiamente dicho, hay factores que pueden influir en el dormir tales como el cansancio físico y mental, la nutrición, etc. El consumo excesivo de bebidas excitantes (bebidas colas, café, té o chocolate) antes de dormir dificultan la conciliación del sueño. El cansancio físico o mental requiere mayor proporción de sueño, además de factores externos influyentes como la luz, temperatura, ruido, características de la habitación o la cama.
Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) los Trastornos del Sueño se clasifican en:
Trastornos primarios del sueño: son aquellos que no se deben a ninguna enfermedad médica, mental o a la ingesta de sustancias. Son consecuencia de alteraciones en el mecanismo del ciclo vigilia –sueño que pueden agravarse por factores externo. Aquí aparecen las disomnias o parasomnias (trastorno de la cantidad, calidad y horario de sueño. Pueden incluir insomnio, pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, hipersomnia, somniloquia (hablar dormidos), etc.
Trastornos del sueño debido a enfermedades médicas.
Trastornos del sueño relacionados con otro trastorno mental.
¿Qué pasos seguir cuando se detecta algún trastorno del sueño que llama la atención o preocupa? En principio tener en cuenta lo esperado para la etapa evolutiva del niño o el adolescente. Si es necesario, consultar al pediatra o al médico de cabecera acerca de cuántas son las horas que se debe dormir en esa determinada edad.  Si hay alteraciones en la cantidad o calidad del sueño que repercuten en el rendimiento, estado de ánimo o en el estado general del sujeto, consultar con algún profesional de la salud mental. Quizá algunas modificaciones en ciertos hábitos, o en ciertas condiciones que la familia tiene incorporadas, tengan un resultado favorable y prevengan posibles disfunciones en el futuro del niño o adolescente.
Lic. Carina M. Sivori. Psicoanalista. MN 20662 / MP 91463.
Te: 4758-1740 / Cel: 15-6953-7703