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Consejos para los primeros
días de clases
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Es habitual que los padres sientan angustia imaginando qué sentirán sus hijos en los primeros días de clases. Esta angustia quizá se vea más acrecentada cuando el niño comienza primer grado, o ingresa por primera vez al Jardín de Infantes, aunque puede aparecer en cualquier nivel en que se encuentren. Incluso puede aparecer cuando se comienza el nivel secundario, aunque no esté socialmente tan aceptado o se intente disimular.
Todo comienzo es un cambio, todo cambio es movilizante, y toda nueva etapa apareja un duelo por la etapa anterior. A pesar de la ansiedad, la excitación y las expectativas que trae todo nuevo comienzo, también acerca un sentimiento de pérdida.       
Cómo los padres procesen, metabolicen y acepten estos procesos va a ayudar u obstaculizar la adaptación de ese niño a la nueva etapa.
Es indudable que la actitud con que el niño llegue a la institución es el resultado reactivo a los mensajes que se le transmiten.
Los temores de los niños podrían dejar de existir si sus padres no se los infunden. Los adultos son los principales promotores de este mal que genera angustia y desestabilidad en el pequeño. Sin embargo, los chicos sienten ansiedad por la separación que van a tener de sus padres. Para que esto no se genere traumáticamente es necesario que los adultos le hablen al niño con sinceridad acerca del nuevo proceso que le espera.
Una clave muy importante es la seguridad que se le pueda transmitir al niño, por ejemplo, si se le dice el significado positivo que tendrá el aprender nuevas cosas, los beneficios de tener nuevos amigos, etc., él seguramente estará ansioso y feliz de que pronto irá a la escuela. Obviamente esta seguridad no debe ser mera actuación ya que el niño lo percibirá inmediatamente; debe ser el resultado de un trabajo previo de elaboración de estos cambios por parte de los padres.
Algunos de los errores más comunes son:
• Durante los días previos, expresar con insistencia frases como: “ya no te veré”, “eras un bebé y ahora te vas de nosotros”, “no sé si voy a soportar verte cruzar la puerta de la escuela”. Con mensajes tan poco edificantes y contundentes, se propicia la angustia de separación en los niños y lógicamente un rechazo por la escuela.
• Desorganización y conflictos durante los preparativos, tales como desayunar y vestirlo apurado, o llegar con angustia por la hora de entrada, todo lo cual influirá en que vea a la escuela como un problema.
• Utilizar el chantaje afectivo al momento de la despedida: “no llores porque mamá se va a poner triste”.
• Mentir a los niños respecto a lo que va a ocurrir: “dale la mano a la maestra, no me voy a ir, ahora mismo regreso y estaré contigo en el aula”.
• Utilizar el engaño como forma para que se queden en la escuela, como, por ejemplo, pedirles que entren a comer un caramelo y alejarse de la escuela sin que el niño vea.
• Convertir el momento de la despedida en un evento dramático y difícil, como puede ser que los padres lloren frente al niño, además de mostrarse tristes y abatidos.
• Prolongar el momento de la despedida.
En conclusión, sería bueno tomar conciencia que toda nueva experiencia genera ansiedad, miedos e inseguridades, pero también es la antesala para un nuevo mundo para compartir y disfrutar.
Lic Carina M. Sívori – Psicoanalista - M.N: 20.662 - M.P: 91.463 - Consultas al 4758-1740 ó 15-6953-7703