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Padres que acompañan,
estimulan sin dañar.


Un niño muy exigido, puede tener problemas en el vínculo con otros niños o con el grupo familiar.
Como un bumerang la exigencia desmedida, ocasiona inhibiciones, sentimientos de inferioridad o desvalorización. El niño siente que no alcanza a ser, quienes sus padres esperaban que fuera. Se siente disminuido y ese sentimiento lo lleva por un camino que obstaculiza sus progresos.
Padres frustrados o competitivos, desean que sus hijos sobresalgan del resto, los presionan en diversas áreas como el deporte o la escuela. Un niño presionado para ser exitoso, carga con un deseo que no es propio.
Los niños necesitan crecer, madurar, aprender, jugar. Jugar, es realizar una actividad lúdica, sin una exigencia respecto al resultado de la misma. El juego tiene una finalidad en sí mismo. Comenté en otras oportunidades que: Un niño sano, es un niño que juega.
A veces, los papás intervienen en torneos deportivos discutiendo entre sí, por la actividad de sus hijos o las intervenciones de los conductores del campeonato. Otras -las peores- los retan porque no obtuvieron los mejores resultados.
El pequeño siente un peso extra, y ese deporte se convierte en una actividad al servicio de los padres. El niño trabaja para complacerlos. Esto, podemos observarlo en tenis, fútbol u otros deportes y también en la escuela.
Es muy diferente, cuando los mayores disfrutan viendo los avances de sus hijos y les enseñan que todo error invita a modificar la estrategia o a caminar en otra dirección.
No podemos aprender sin equivocarnos. A veces los errores facilitan avances, como ha ocurrido tantas veces en la ciencia.
Los niños que reciben el cariño y la protección de sus padres, se sienten valorados. Ellos creen en sí mismos. Esa valoración ocurre en una atmósfera particular. ¿Qué conforma esa atmósfera?
Es un ambiente especial, generado por una presencia facilitadora. Esa presencia plena de amor y de aceptación, le dice al niño: Sos un ser humano perfecto, tal como sos. No te falta ni te sobra nada para recibir mi amor. No hay nada que tengas que hacer, para que te ame. Te amo sin condiciones.
En las escuelas, clubes, talleres, también deberían poner suma atención, para estimular adecuadamente a los niños en sus procesos. La sobreestimulación, es dañina.
Ser guía de los hijos. Acompañarlos en el camino de crecimiento y estar disponible en el momento en que ellos lo necesiten, es el estimulo poderoso que podemos brindarles.
En nuestra escuela para crear, ofrecemos esa atmósfera facilitadora, que proviene del encuentro humano fecundo.
Lic y Prof. Graciela Croatto, Autora de Cuentosueños y Aprender con los niños nuevos.
Escuela para crear Aprender con los niños nuevos.