VOLVER A INDICE / NOTAS

¿Qué ocurre entre los 8 y los 10 años?

“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.” Pablo Neruda.
Los niños entre ocho y diez años son locuaces e imaginativos. No son ni “grandes” ni “pequeños”, mas todavía son niños.  Saben mucho, porque durante los primeros años aprendieron. Se muestran como muy seguros de sí mismos, afirmando aquello que les gusta o les disgusta. Reclaman con fuerza sus derechos y esperan que los adultos tengan en cuenta aquello que eligen. Responden, muchas veces en forma  desafiante.
Ya ingresaron a la escuela, tienen tareas y responsabilidades. Al integrarse, debieron adaptarse a normas nuevas y tomar contacto con personas ajenas a la familia y recibieron de ellas estímulos nuevos. Logran la alfabetización y socializarse.
Están entre el mundo de la fantasía, de los juegos, la experiencia escolar y la dinámica familiar. Les interesa explorar el mundo, conocer, investigar, crear.
Se manifiestan más tranquilos, más concentrados. Tienen capacidad para comprender qué esperamos de ellos. Tienen amigos con quienes juegan y conversan.
Parece un momento ideal, donde se ha logrado una estabilidad.  Los padres ya no están observando cuando comienza la marcha, si se caen o tropiezan, si adquirieron el lenguaje o no. Sus gracias y ocurrencias parecen no divertir tanto a los adultos, como cuando eran bebés o estaban en la escuela inicial.
Hay otras prioridades. Las tareas y alcanzar los objetivos requeridos en la escuela forman parte de ellas. Su mundo a esta edad  dista  de ser un mundo seguro. Sus días y noches están preñadas de miedos y terrores. Tienen un alto concepto de la justicia y se sienten muy mal si creen que fueron tratados injustamente, sobre todo cuando no pueden reclamar. También, cuando no logran responder adecuadamente en la escuela. En ocasiones se los califica como “duros de aprender” y eso los daña. Es necesario tratarlos con respeto y consideración, no burlarse de lo que no saben y estimularlos en aquellas actividades que realizan con más gusto y facilidad. Permitirles ser más independientes sin dejar de protegerlos.
Muchas veces observamos que algunos niños de esta edad tienen un malestar permanente. Se enojan con facilidad, están con malhumor. Responden con llanto o quejas a las órdenes de padres o maestros. Si les preguntamos, posiblemente respondan que no les pasa nada y nieguen el sufrimiento. Ese comportamiento de negación, es característico de esta etapa, pero los adultos no debemos desatender aquello que les pasa. Es positivo estar alerta y no reducir  sus dificultades a tonterías o caprichos. En ocasiones tienen problemas que no pueden resolver sin ayuda.
Una consulta profesional a tiempo, resulta preventiva de mayores dificultades.
Las experiencias vividas en la infancia son la raíz de potenciales creativos. Favorecer actividades fecundas tanto en la escuela como en la convivencia, reflexionar acerca de sus necesidades en cada uno de los momentos evolutivos ayuda a que los niños resuelvan, con nuestra ayuda los desafíos que se les presenten.
Los esperamos para dialogar acerca de nuestros niños en nuestra escuela creativa. Hasta pronto.
Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA) - Autora de: “Aprender con los Niños Nuevos” y “CuentoSueños para los niños cristal”
Jornadas participativas gratuitas: Reversibilidad de valores, 25 de Octubre 19,45hs. Confirmar la asistencia: 4659-5317/ 4650-6397
Escuela para crear Aprender: José Murias 743 Haedo