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¿SON PELIGROSAS LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS?

Las nuevas tecnologías ya son parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes y cumplen un papel fundamental en ellas. El uso masivo de Internet cambió rotundamente los hábitos, costumbres y formas de vincularse. Pero a pesar de ser una herramienta maravillosa, a veces se convierte en enemigo. ¿Cuándo sucede este fenómeno? Cuando el uso de la tecnología pasa de ser parte de la vida de los chicos a convertirse en LA vida de los chicos. Cuando su función de distracción, investigación, socialización, se deja de lado para transformarse en la única motivación diaria. En otras palabras se transforma en una adicción, con las mismas características de cualquier otra. De una práctica placentera en su primera fase, se pasa a una conducta que el sujeto ya no puede controlar. Al igual que ocurre con otras adicciones, el sujeto acaba efectuando dicha conducta ya no tanto por la búsqueda de gratificación, sino por reducir el nivel de ansiedad que le produce el hecho de no realizarla.  La diferencia con otras adiciones es que en este caso es puramente psicológica, ya que no aparece el protagonismo de una adicción química (opiáceos, nicotina, alcohol, etc...). Ambas, desgraciadamente, suelen manifestarse conjuntamente en muchos de los afectados.
Algo muy importante para resaltar es que las nuevas tecnologías no generan, por sí mismas, la adicción. No se debe caer en una estigmatización o negativización de sus diferentes usos. El sujeto que adopta una relación adictiva con cualquier objeto (incluso la tecnología) es porque posee determinadas problemáticas previas que determinan este vínculo. A pesar de que cada caso es único e irrepetible, en líneas generales los sujetos que se encuentran más expuestos a una situación de riesgo de estas características son aquellos con alguna falencia en el ámbito familiar, inadecuado nivel comunicativo, baja autoestima, inseguridad, etc. La edad adolescente, con todos los cambios físicos, psíquicos y emocionales, es un período propicio para refugiarse en las nuevas tecnologías. Un niño tímido por naturaleza puede encontrar en la "privacidad" del ciberespacio un medio para liberarse de las ansiedades que le producen las relaciones sociales diarias en contacto directo. En principio esta actividad, dentro de ciertos  límites, no debería suponer nada perjudicial. La barrera de lo patológico se cruza cuando dicha conducta implica tanto al sujeto, que conduce a la dependencia. La persona reduce progresivamente su campo de intereses y sus obligaciones, de manera que la conducta adictiva termina por acaparar su vida y no existen otras actividades gratificantes fuera de la conducta motivo de adicción.
Es, en definitiva, el vínculo adictivo, el que les impide desarrollar sus habilidades sociales en la vida real, los sensibiliza  a los juicios de los demás e incrementa  su inseguridad, lo que comienza un círculo vicioso muy difícil de cortar. A partir de aquí se desarrolla una tendencia al aislamiento, se rompen las relaciones sociales, se produce el fracaso escolar y aparecen conductas agresivas a veces  dirigidas contra los propios miembros de la familia.
¿Cuáles son las conductas que pueden alertar de la presencia de  esta problemática?
•Cuando el niño o adolescente se vuelve irascible, discute fácilmente y no es permeable a entender otra posición diferente a la propia.
•Cuando se utilizan distintos mecanismos para ocultar, disimular o justificar esas conductas.
•Cuando se confirma un aislamiento del resto de la familia, no se respetan horarios básicos como los de las comidas y el sueño, se pasa muchas horas encerrado en su habitación.
•Cuando todo lo que no sea esa actividad específica pasa a segundo plano, incluso lo que antes era placentero.
•Cuando niega tener un problema y se rehusa a hablar del tema.
A modo de conclusión podemos decir que las nuevas tecnologías han acercado un mundo de posibilidades en todos los ámbitos, la mayor parte positivas. El riesgo no reside en las tecnologías sino en el uso que se haga de ellas.
A pesar de ser una problemática reciente, existen diferentes  abordajes terapéuticos para resolver esta dificultad, lo principal es tomar conciencia que el problema existe y pedir supervisión profesional si es necesario.
Lic. Carina Sívori – Psicoanalista – MN 20662 / MP 914632
Consultas al 4758-1740 / 15-6953-770