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Una madre verdadera

Las mujeres tenemos una tendencia a pensar en la maternidad desde chiquitas. Por un lado algo de nuestra naturaleza nos empuja y por otro son los demás, las otras mujeres y el entorno en general que nos animan a imaginarnos madres.
Cuando la panza comienza a crecer, y de verdad confirmamos que por nueve meses seremos una especie de nido que cuidará a otro en su interior, ese sueño imaginado, ese futuro en un principio lejano se precipita y nos obliga a pensar de verdad en esas madres que seremos.
Ahí se nos agolpan un montón de preguntas y de miedos.
La incertidumbre crece con esa certidumbre de que cada día que pasa estamos más cerca de ser esa mamá que algún día pensamos que seríamos tal vez.
“¿Seré la madre ideal?” nos preguntamos. ¿Quién no se sometió o no se somete más o menos seguido a cuestionarse sobre su rol? Ahí se nos vienen encima millones de madres que conocemos, que conocimos o nos contaron y creemos que debemos ser como alguna o como todas o como la nuestra.
La madre ideal no es una madre verdadera. La madre verdadera es la que podremos ser, la que va a equivocarse una y mil veces aunque se proponga hacer buena letra, como cuando empezaba un cuaderno nuevo.
La madre que seremos, o la madre que somos, es la que no tiene siempre la mejor cara o la mejor actitud o la mejor respuesta.
La madre real es la que deberá convivir con nosotras aprendiendo a ser todo el tiempo.
En verdad creo que existe una madre ideal, es la que se da permiso para ser real.
La madre ideal entonces es igual a cada una de nosotras.
La madre ideal es la que se anima a vivir cada día como una fascinante aventura. 
Durante muchas generaciones los hombres y las mujeres, hemos nacido, hemos crecido, hemos construido nuestras familias y hemos gestado a nuestros hijos convencidos de que la respuesta a todas estas preguntas es un sí rotundo, indesmentible e incuestionable.
Los padres y las madres no nacen, se hacen. Y se hacen en la gestación conjunta del hijo, en la decisión compartida de esa gestación y en la presencia mutua durante ese proceso, durante el embarazo, durante la crianza y acompañamiento en el desarrollo de las potencialidades de ese hijo. Sin embargo, la cultura nos inculcó durante mucho tiempo mandatos empobrecedores: las mujeres a parir y criar, los hombres a proveer y disciplinar. Cada uno de nosotros perdió la mitad de sus vivencias en ese camino.
El nacimiento de un hijo siempre es un acontecimiento que genera muchas expectativas en toda la familia. La futura mamá siente la presencia de su hijo desde muy temprano en el embarazo, a través de los síntomas que le anuncian al nuevo ser en gestación. A lo largo del embarazo ella va sintiendo los cambios, el crecimiento de la panza, los movimientos del bebé, esa "compañía" permanente que hace que nunca se sienta sola, y todas las innumerables transformaciones por las que va atravesando no sólo su cuerpo, sino ella toda: los cambios de humor, la sensibilidad, ese estado tan particular de introspección que es a veces difícil de compartir y comprender por los demás. Ella está “distinta” en muchos sentidos.
Encontrar el momento ideal para convertirse en madres es algo propio de la modernidad. Lo que hoy cambió, a partir de la anticoncepción y la liberación femenina, es que la mujer puede elegir libremente cómo, cuándo y con quién tener un hijo.
La madre actual, cuenta con un gran equipo de ayuda. Sus padres, en general, ya tienen más de 55 años, muchos se encuentran jubilados y por lo tanto,  pueden colaborar en el cuidado del bebé. Además, la mujer moderna busca una pareja comprometida con la crianza del niño. En general, las mujeres de hoy comparten con la pareja tanto el sostén económico y afectivo de la familia como la crianza de los hijos.
La maternidad fue dejando de ser una imposición biológica y social para transformarse en una elección, en un deseo que necesita ser integrado con otros deseos y objetivos.
Las motivaciones de la mujer de hoy para convertirse en madre no son muy distintas de las de antes, cuando la maternidad parecía ser más una imposición social que una elección de la pareja.
Lic. Paola Calfapietra – Psicóloga.
Coordinadora Centro A-Ser.
Consultas y asesoramiento: 15-6591-8905