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Lo que “hace Límite” en un niño.

Mucho se ha dicho acerca de la cuestión de los límites en los niños: La necesidad de poner límites por parte de los padres, el hecho de que los límites sean transmitidos de manera firme y sostenida, etc.
Ahora bien, podemos decir que estos decires guardan alguna verdad, pero el tema no se agota sólo en estas frases que se repiten insistentemente cuando es planteado este asunto.  Podemos pensar que la cuestión de los límites es un tanto más compleja. Depende de cada escenario y de las subjetividades que allí estén en juego, poder pensar “el límite” en cada situación planteada.
Si sólo recortamos el tema en torno a que “hay que poner límites a los chicos”, y esto es sólo leído desde ese lugar, podemos producir un efecto adverso al esperado. Muchos padres, por ejemplo, cuentan en las consultas que cuantos más límites imponen a sus hijos, éstos más los desafían. Es decir, que frente a la puesta de un límite por parte de los padres lo que se produce en el niño es una escalada creciente de violencia y desafío al otro. De este modo, la escena se convierte en una confrontación con el otro, en una relación que llamamos especular (entre dos) apareciendo como consecuencia situaciones ligadas a la agresividad. Y que se traducen en el niño posicionado en un lugar de desafío y oposicionismo al otro, en este caso, sus padres.
De esta manera, se hace imperioso repensar y agregar algunos otros decires frente al tema de “los límites” en los niños.
Por un lado,  un límite no debe ser pensado en su dimensión de castigo o sanción, sino que más bien el concepto de “lo que hace límite” a un niño, no sólo está ligado a una prohibición, sino que también deber ser algo que por otro lado habilite. En este sentido, un límite, sea el que fuere, siempre debe tener en su horizonte, alojar subjetivamente al niño, no provocándole situaciones que  le generen sentimientos de ser rechazado.
Por otro lado, para que algo “haga límite” en un niño, primero debe “hacer límite” en sus padres. Por ejemplo: Cortar la teta a un bebé, sacar el chupete, “respetar” el lecho matrimonial, etc., son situaciones que “hacen límite”,  atraviesan y son pertinentes a una madre o a un padre en su función.
El límite puede ser pensado entonces como un vector, un camino que le da pistas al niño y lo orienta de un modo posible en las situaciones que le toca enfrentar a lo largo de su vida.
Lic. Daniela Fernández Maciel
MP: 81.951 MN:31.231
Psicóloga responsable de “La Gallina Ciega” Orientación a Padres y “Assistere”, Red de Psicología Clínica. Consultas al: 4624-3601.