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LOS LÍMITES

Cuando los NO se transforman en un mensaje de cuidado.
¿Cómo, cuándo y por qué poner límites? ¡Qué pregunta!, ¿no?, es un interrogante que en todos las épocas produjo incertidumbre en padres y educadores.
Llegaron vientos, trayendo distintas teorías con tendencias permisivas y otras rígidas y conservadoras, las cuales motivaron conductas no esperadas y otras tantas nefastas en las generaciones jóvenes.
Desde el nacimiento el bebé recibe organización desde el afuera, se establece formas y horarios para alimentarlo, cambiarlo, mimarlo y para su descanso, esto aunque no lo parezca no es más que la "primera puesta de límites". Y obviamente todos coincidimos en pensar que el objetivo reside en el cuidado del niño.
Con el paso del tiempo, llega la etapa en la cual comenzamos a decir de manera mas frecuente "NO", palabra si la hay, antipática y causal de berrinches en los niños. Como adultos debemos considerar que la aplicación de normas tiene como único y generoso designio, proteger y educar al niño.
Los límites entendidos como mensaje de cuidado permiten al docente y padre ofrecer a los niños un mundo seguro y confiable que redundará en beneficio de:
Ordenar su mundo interior.
Crecer de una manera armoniosa.
Transitar por un camino seguro.
Construir adecuadamente el proceso de socialización y su identidad como sujeto.
Cuidar su integridad psicológica y física propia y del otro.
Prevenir trastornos y conductas inadecuadas.
La coherencia como primer paso en la puesta de límites: El niño presenta conductas de desafío y negativismo. Ante estas, ¿cómo responder siempre con coherencia, firmeza y cariño en el enunciado de indicaciones?
En las mejores familias los padres responden de manera no adecuada, en algunos casos se desautorizan, en otros son permisivos e incluso imponen reglas y castigos exagerados e injustos.
Si la balanza en la puesta de límites se inclina hacia un lado u otro, produciremos desconfianza y defraudaremos a nuestros hijos.
¿Qué puede ocurrir si el mensaje no es de cuidado? Lo que observamos en distintos ámbitos ya sea como padres o educadores, son conductas que evidencian dificultades en el desarrollo emocional de los niños.
Este tema nos convoca a pensar y revisar nuestra responsabilidad como padres y educadores en la puesta de límites para que nuestros hijos crezcan felices.
María Teresa Ferrarelli - Psicopedagoga