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El cuerpo amado y odiado.
El cuerpo es una preocupación. Imagen, belleza, juventud, delgadez, son cuestiones que están en el centro de nuestros conflictos. Conflictos  que se engendran sentados en una oficina, frente a la computadora, manejando el auto, acciones donde el cuerpo no tiene casi importancia. Las redes sociales, Internet, permiten prescindir del cuerpo y crear un personaje, ponerse una careta. Jugar a ser quien se quiera. Quizá sea ese el secreto de su éxito.
En occidente, el culto por el cuerpo es cada vez mayor, el mercado apuesta a la apariencia, a la imagen, la posibilidad de ser exitoso depende de seguir determinados parámetros estéticos. Se intenta “controlar” el cuerpo porque hace preguntas, y la única respuesta aparente parece ser mantenerlo joven.
En cuanto al cuidado de la salud, también aparecen preocupaciones que derivan en un compromiso del cuerpo, actividad física, buena alimentación, ponen en primer plano a un cuerpo que se usa cada vez menos. Se hacen las compras por teléfono o por la web, se manejan autos, usamos escaleras mecánicas como si el cuerpo no sirviera ya para eso. Y luego se concurre al gimnasio a pasar media hora en una caminadora, paradoja de nuestro tiempo. No utilizar el cuerpo puede tener como consecuencia  no sentirse bien dentro de él. Hay que “trabajarlo”, “modelarlo”, hacer que quepa en un modelo determinado y aquel que no lo hace es discriminado, no es interesante, no seduce, “se deja estar”, es excluído.  Acá aparece la importancia de la mirada del otro, del otro cercano y del otro que personifica al mercado. Y la mirada siempre es importante, siempre conmueve.
La cara es nuestro vínculo con el mundo,  se reconoce, se juzga, se identifica, se quiere a través de la cara. Y acá aparece la red como protagonista. En la web se uniforman los rostros y sus posibles reacciones por medio de emoticones.  Todo se simplifica, el lenguaje, los sentimientos, las relaciones. Se miden los afectos según la cantidad de contactos. Se deshumanizan los vínculos. Paradójicamente la cara y las manos son lo único descubierto frente al otro, son el puente para comunicarnos, y es lo único necesario para conectarse a la web y poder despersonalizarse, el resto del cuerpo es accesorio.
¿Se ama al cuerpo o se lo odia? ¿Se invierten recursos y tiempo para modificarlo, transformarlo, endiosarlo porque se lo ama y se lo intenta cuidar? ¿O se lo esconde, despersonaliza, se lo anula detrás de una computadora porque se lo odia? Quizá el gran problema de la sociedad de hoy es que hay que suplantar la o por la y. En los tiempos que corren, pareciera que al cuerpo se lo ama y se lo odia, si algo así fuera posible.
Lic. Carina Sívori. Psicoanalista. MN: 20662 – MP: 914632.
Consultas y asesoramiento al: 4758-1740 / 15-6512-3828