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Jugar no es perder el tiempo

Desde el lugar de un niño el mundo es un gran escenario y él es el actor principal. Ese escenario donde se despliegan los juegos de los niños se diferencia mucho del trabajo de un adulto, ya que no responde a un objetivo externo y sus reglas o la ausencia de ellas parten de las necesidades y preferencias de los chicos y no de exigencias externas.
Por qué habrá dicho Anna Freud, pionera de la terapia infantil, hija del creador del psicoanálisis: "El juego es el trabajo de los chicos".
Jugar para los chicos, es casi tan importante como respirar.
Los primeros actos creativos del ser humano se inician con el juego. La creación comienza en el momento en que un chico toma cualquier objeto y lo transforma, dándole vida, haciéndolo hablar o volar.
Los niños tienen derecho a jugar. La ley se ocupa especialmente de esto en los derechos de los niños. Les corresponde tener tiempo para el ocio, tiempo para sí mismo, tiempo para jugar. Cuando un chico está jugando o sin hacer nada, está nutriendo su tiempo de vida. Algunos adultos consideran, que los niños no deben perder el tiempo y les fabrican una agenda sin espacio para el juego. Jugar no es perder el tiempo.
En el juego que los niños realizan naturalmente, ocurren muchas cosas. Para que ocurran, es importante que el juego, sea lo que es, conserve su esencia. Que los chicos elijan las actividades, si quieren utilizar juguetes o no, los elementos para jugar y con quién jugar. Tiene que estar separado de las exigencias de hacerlo de este o aquel modo, de realizarlo bien o mal.
El juego es la actividad privilegiada de los chicos y el medio mediante el cual los pequeños se construyen como personas. Desarrollan la inteligencia, exploran el espacio, imitan, se identifican, descubren sus habilidades personales y sociales y las desarrollan. Expresan sus temores. Manifiestan su capacidad creativa.
Un niño que juega en un ambiente protector y cariñoso, con límites adecuados, seguramente va a tener muchas posibilidades de tener una vida plena cuando sea adulto.
Un niño que no juega es un niño que no está bien, ya que sin jugar no puede desarrollarse. El juego es a los niños como la vida misma.
Los juguetes no son los únicos elementos que el niño utiliza en sus juegos. Hay más juegos que juguetes, porque basta que haya un niño, para que el juego comience.
No importa cuál es el juguete, si es una muñeca, un auto, una pelota o elementos de la naturaleza: arena, ramas, tierra, harina; o de la casa: cacerolas, cajas, botones, escobas, sábanas. Todos son ejemplos de la amplia variedad de objetos que pueden ser elegidos para jugar y es valioso para ellos que tengan permiso para utilizarlos. También es necesario que puedan ensuciarse al conectarse con los diferentes elementos.
Si tiene el privilegio de jugar con un niño, disfrútelo. No intente transformar el juego en otra cosa. Acompañemos a los niños respetando sus espacios de juego y si ellos lo piden, juguemos con ellos. Salir a jugar abre la puerta a nuestro ser creativo. Le deseo, como en la ronda: "que quiera abrir la puerta para ir a jugar".
Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA) - Autora de: "Aprender con los Niños Nuevos" y "CuentoSueños para los niños cristal"
www.aprenderconlosninosnuevos.com.ar