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Lo que  los chicos pueden
lograr con su imaginación creadora


“La creación de una situación imaginaria no es un hecho fortuito en la vida del pequeño, sino más bien, la primera manifestación de su emancipación de las limitaciones situacionales.” Vigostky.
Pensar en lo que los niños pueden lograr a determinada edad y no en lo que no pueden hacer, modifica la visión acerca de los chicos, abriendo la puerta a escuchar sus necesidades. Esta visión  nos orienta acerca de aquello que les ofrecemos. La creencia que tengamos de sus capacidades -aunque éstas sean potenciales- marcará el rumbo de lo educativo, de su formación integral.
Hay un espacio creativo que el niño construye desde que es bebé y espera a su mamá.
Una tercera zona, como la definió Winnicott, que no pertenece ni al mundo interno de la persona, ni al externo. Una zona de enorme potencia creativa que se constituye entre el yo y el no yo. El espacio donde nacen los objetos transicionales, donde aparece lo simbólico. Estos objetos que el bebé utiliza para soportar la espera, como la manta que chupa, el muñeco que abraza para dormirse, los construye en ese lugar potencial o “tercera zona”, una frontera entre la subjetividad, nuestro yo y lo exterior a él.
Este espacio creativo, es un lugar donde el ser humano puede ser libre. Allí puede crear, sin atenerse a las reglas que lo organizan y determinan. En ese espacio las reglas no existen. Es un espacio de mundos posibles, de expansión humana. Allí nace,  lo propio del ser humano, la cultura, la fantasía, el arte, los inventos, las producciones del hombre.
Conocer para el niño, implica transformar. El conocimiento, nunca es copia pasiva de la realidad como demostró Piaget, sino una actividad de asimilación que transforma el objeto a través de la incorporación de significados.
La entrada en esos mundos creativos se realiza por medio del juego. Este le permite  al niño ir a esos mundos imaginarios que el mismo construye y donde simultáneamente se construye.
El arte, aunque difiere del juego porque busca una finalidad y el juego puede no tenerla; en los primeros momentos es redescubierto por los niños y su entorno. La imitación de diversas situaciones y personas anticipa el teatro.
Dibujo y pintura aparecen, por ejemplo, desde el garabato, dándole formas que le son propias, producto de su imaginación. La música se modula en los ritmos, la imitación de los sonidos y el placer de escuchar y usar la voz. La escultura comienza cada vez que los chicos descubren la posibilidad de modelar con arena, arcilla, plastilina, masa, cartones,  representar algo que su imaginación necesita incorporar como imagen, expresarlo como objeto real, construirlo y/o destruirlo. Otras veces, sólo necesitan de su cuerpo para expresarse en una danza.
Las experiencias lúdicas y creativas de los chicos, modelan las futuras posibilidades adultas, desde la capacidad de aprender a nuestros vínculos y sentimientos más profundos.
El encuentro con el sentido esencial de nuestra vida, la vocación. Influye tanto en lo personal y familiar como en los ámbitos sociales y laborales. Nos posibilitan construir conductas nuevas, diferentes para cada problemática que enfrentamos, explorar sentimientos y sensaciones, resolver conflictos, transformar la realidad. La capacidad lúdica y creativa, se manifiesta de modo diferente en cada momento de nuestro desarrollo  –si no la olvidamos-.  Desde que somos niños hasta adultos. Podemos cultivarla, facilitando su expresión o reprimirla.
Esperamos que cada día podamos comprender un poco más, que la fantasía, la creatividad y el juego, son los senderos por los que los niños inexorablemente deben andar para vivir en plenitud.
Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA). Autora de: “Aprender con los Niños Nuevos” y “CuentoSueños para los niños cristal”.
Asesoramiento y consultas al: 4659-5317.
www.aprenderninosnuevos.com.ar