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En honor a la verdad.

Quisiera invitarlos a pensar juntos en algo que nos convoca a todos como adultos responsables en la educación, formación y constitución de nuestros niños, el tema que les propongo es poder recuperar el valor de la palabra, de la verdad y su sostenimiento.
Las palabras de los padres tienen principalmente durante la primera infancia el valor de certeza absoluta, cada respuesta, afirmación, dichos de los padres tiene un lugar de saber y poder para el niño, lo cual es necesario que así acontezca en esta primera etapa de constitución de los chicos. Es el momento de las grandes identificaciones, somos el espejo donde se miran y se encuentran, tomando cada palabra y acto de los padres como modelo y ejemplo a seguir.
A esta altura los niños tienen un pensamiento más concreto y sus procesos de simbolización y abstracción están en vías de desarrollo, lo cual implica que todo aquello que reciben es tomado literalmente, sumado al peso de: "Me lo dijo mi papa....." por lo cual es palabra santa.
Los niños en este momento tienen toda su libido y su mirada puesta en los papas, los idolatran y todo lo que digan será santa palabra. Ya vendrán tiempos donde esta palabra será cuestionada, desafiada y perderá este peso de certeza absoluta, esto irá sucediendo con el tiempo para que ellos se vayan diferenciando de los padres y constituyéndose como sujetos con su propia voz y voto.
Ante frases que pregonamos los padres como: "Hay que decir siempre la verdad", "Eso no se dice", "No debes mentir", se desvirtúan y se desvanecen totalmente cuando lo que prohibimos es lo mismo que hacemos o decimos los papas, y caemos en situaciones donde nuestro mensaje es "Haz lo que yo digo no lo que yo hago", lo cual confunde y produce desconcierto en nuestros hijos, apareciendo el no mientas desde nuestra palabra y el mentí desde nuestro ejemplo.
Tomemos un caso: suena el teléfono y mandamos a decir a nuestros hijos "Decile que no estoy" o "Nos escuchan justificarnos con el otro con actos no verdaderos" (mi hijo está enfermo cuando no es así). Los adultos sabemos discriminar las mentiras inocentes, las de compromiso pero nuestros hijos no, por eso es importante prestar mucha atención en nuestro comportamiento para no generar en ellos situaciones de malestar y confusión interna.
El ser cuidadosos con nuestros dichos y acciones es una manera de proteger a nuestros hijos, y que ellos no utilicen la mentira como herramienta para relacionarse con los otros, regalémosles el don de la sinceridad y la honestidad, jerarquicemos el valor de la verdad por mas difícil y dolorosa que fuese, preparándolos de esta manera para que puedan hacerse cargo de sus propios actos y responsabilidades (por ejemplo: ante una travesura realizada por un niño priorizar la sinceridad del chico en el relato de lo acontecido, que detenerse exclusivamente en el castigo o el reto, lo cual habilita a que ellos puedan contar la verdad de lo que sucedió).
Quisiera detenerme en otro punto importante como son las "promesas incumplidas", como adultos trataremos de no generar en los niños expectativas que no sabemos si podremos cumplir, ya sean regalos, paseos, presencias, ya que esto expone al niño a situaciones de desilusión, angustia, malestar y falta de creencia en la palabra del otro, que precisamente es aquel de quien él necesita creer para sostenerse y sentirse seguro.
Hablamos del valor de la verdad en nuestra relación con nuestros hijos, pero no todas las verdades de los adultos pueden ser dichas a los niños, el no decir no tiene que ver con el mentir, sino con el preservar y cuidar a los hijos, de algo que tiene que ver con nuestra intimidad y función de padres, si poder acercarlos a lo que los involucra en forma directa y que tiene que ver con su vida cotidiana (movimientos familiares, laborales, económicos).
En los tiempos actuales donde se desvirtúa el valor de la palabra, el sostenimiento de las mismas, revindiquemos, jerarquicemos el don de la palabra sincera, con contenido y no vacía de él, y en honor a la verdad guiemos a nuestros hijos hacia ella.
Los saluda.......
Lic. Mariana E. Miguez - Psicóloga M.N 20577- M.P 82187