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Hasta cuando ayudar a nuestros niños con las tareas escolares…

Cuando los niños nacen, lo hacen en un estado de total indefensión. Son dependientes. Necesitan de un “otro” (función materna), que satisfaga sus necesidades básicas, para poder sobrevivir. Tal es la necesidad de que haya otro, que a ésta primer etapa se la denomina “simbiosis primaria”.
De a poco el bebé va creciendo, con la locomoción, los primeros pasos, logra ir explorando el mundo con mayor independencia. De ahí en mas con idas y venidas, el bebé, “nuestro bebé”, ya es un niño que va reclamando su lugar en el mundo.
Durante un tiempo la palabra “no”, será su preferida, ya que en este negativismo va afirmándose como ser individual, que en ocasiones difiere de los deseos de sus padres.
Con los inicios de la escolaridad (jardín de infantes), los niños continúan ampliando su círculo social y las posibilidades de aprendizaje. Ya en esta etapa no requieren de ésta relación simbiótica materna, que mencionaba líneas más arriba. Necesitan a una mamá que pueda ir acompañando su Ser en desarrollo. Una mamá que estimule nuevos aprendizajes, que pueda correrse y disfrutar al enseñar y ver a su hijo realizar las cosas por si solo. Una mamá que transmite confianza y seguridad. Una mamá que puede ir abandonando el rol de “mamá de un bebé” para ser “mamá de un niño”.
El ingreso al primer año de la escolaridad formal, nos plantea nuevos desafíos. El niño comienza a tener tareas, pruebas, notas…Aquí se plantea en general la duda, ¿Cómo lo tengo que ayudar y hasta donde?
Pues, no es sencilla la respuesta, ya que cada niño tiene su ritmo de aprendizaje y sus propias necesidades educativas. Pero a modo esquemático, les brindo unos “tips” para tener en cuenta:
*No hagan por el niño lo que él pueda hacer solo.
*Si algo no entiende o no le sale, intenten explicarle o reorientar la duda hacia el docente, pero no hagan por él, porque de ésta forma están obturando una posibilidad de aprendizaje.
*Dispongan, de común acuerdo, un momento del día para que el niño se dedique a los quehaceres escolares y haya algún adulto disponible para apoyarlo si surgen dudas (no todo el tiempo).
*Si en los inicios, el niño requiere de la presencia física permanente del adulto, éste puede estar a su lado realizando alguna otra actividad que no perturbe el clima de estudio, por ejemplo leyendo, escribiendo, tomando mate, etc.
En síntesis, tengan en cuenta que el niño va atravesando desde los primeros tiempos, diferentes etapas tendientes al logro de su autonomía. Por lo que no pretendan autonomía escolar si el niño no la ha logrado en otros aspectos. Si mamá, papá, la abuela… hacen todo por el niño, ¿Por qué el niño no ha de esperar lo mismo respecto a las tareas escolares?
A no desesperar si se sienten reflejados en ésta nota, nunca es tarde para hacer cambios en pos del bienestar de nuestros niños.
Tengan en cuenta que los cambios que vayan realizando deben ser graduales, oportunos y sostenidos en el tiempo.
“NUESTRO BEBÈ YA CRECIÒ, ACOMPAÑEMOSLO EN ESTA NUEVA ETAPA”
Lic. María Fernanda Cabrera (Psicopedagoga).
Coordinadora de centro A-Ser.
RN: 8327-2002 – RP: 281.
Consultas: 15-6977-7150 / 4758-6231