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Haciéndonos mamá y papá

Es en esos privilegiados momentos, donde la luz esencial de nuestro ser se manifiesta en plenitud, e irradia su sonido y su color llamando a nuestro hijo.

Mamá e hijo comparten un mismo espacio. Continente habitado también por el padre. 
Un cuerpo vivo, visible e invisible, en sus dimensiones, orgánicas, emocionales, culturales, deseantes y espirituales. Un mismo mundo y dos corazones unidos por un alma.
Un universo completo,  formándose dentro de una galaxia madre ~ padre.
La creación ocurriendo, en este momento en tu interior. Un sonido que se abre paso, respondiendo al llamado de la vida, al tierno y poderoso llamado de una madre y de un padre.
Ser madre, ser padre, es un devenir que comienza a ocurrir antes y durante la gestación. Anticipado por la pareja, que proyecta su luz y también su sombra, sobre quien está por nacer.
La díada madre hijo, conforma una unidad que se mantiene mucho tiempo después del nacimiento. Una unidad, alimentada por el amor, que realiza la maravilla de la creación de un ser humano.
Prepararse para este acontecimiento es necesario. Preservar el nido, que el bebé tenía dentro nuestro hasta que alcance la madurez que necesita, para comenzar a poder separarse un poquito de mamá.
Devenir madre es estar presente, y responder a su demanda siempre que lo requiera.   Podemos confiar en la necesidad que se manifiesta, a través del reclamo que proviene del bebé. Una necesidad que está apoyada en las líneas silenciosas de la vida que se preserva, mediante las sensaciones -hambre, dolor, sueño, placer- señales de la necesidad, de la satisfacción, del placer, del displacer.
Comprender que el aire en el que nos movemos es el mismo aire del bebé, amplía la conciencia de padres. El bebé por su unión indiferenciada con su mamá, siente los estados de ánimo, las alegrías, el nerviosismo y los temores, las exigencias y las frustraciones que provienen de la despersonalización propia del puerperio.
Madre e hijo son enlazados invisiblemente por la trama de la vida. Por eso, la mamá siente, escucha, a su bebé. Esta íntima relación, necesita ser sostenida por el padre, comprendida, ayudada.
Nos hacemos madres, cuando revelamos lo sagrado de este momento y asistimos a nuestro pequeño, postergando los reclamos cotidianos de la superficie, para respetar su tiempo balbuceante, desadaptado a los fríos, necesitado de caricias que conectan y devuelven la integridad. Al abrazarlo, le otorgamos la seguridad que le brinda la unión que preservamos.
Mamar, implica nutrirse y conectarse con mamá, recibir el calor, el tono afectivo, la dulzura. Cuando le das la teta, unís  en un acto su corazón y el tuyo. Ese pequeño oído, escucha cada vez que su piel y la tuya se tocan, el sonido de su alma. El sonido del alma que decidió acompañarte en la especial vivencia de ser madre y padre.
No tengamos miedo de ofrecerle el pecho, para que mame cuando lo desee. Los bebés están provistos de un regulador, que proporciona el equilibrio homeostático necesario, para que su sistema funcione. Por ejemplo, regula la temperatura corporal, produce la digestión, ordena la circulación.
Los apuros, son innecesarios. El ritmo lo marca la necesidad del contacto piel a piel, que es nutritivo y generador de bienestar y salud.
Podemos contar historias acerca de bebés, que en el momento en que estamos más ocupados, comienzan a llorar desconsoladamente impidiéndonos continuar con la tarea. Ocasiones en que la casa está llena de gente y nos resulta difícil o imposible calmarlo.
¿Cómo hacerlo? Sólo las caricias, la intimidad y el silencio, de voces ajenas a las más cercanas, podrán lograrlo. El encuentro con sus padres, el contacto corporal. El cambio de nuestro estado de ánimo, contarle qué nos pasa.
La separación que se produce en el parto es sólo física. El mundo del bebé y el de mamá siguen siendo el mismo. Mucho más tarde, si las caricias y la cercanía fueron suficientes, tu hijo va a poder separarse y ese es el camino de crecer. La separación comienza siendo física: gateo, deambulación, caminata. Tiempo después se constituye, como posible en el vínculo.
Quería contarte, que esa escucha de sus necesidades, va ir permitiendo que un diálogo tierno se establezca. Diálogo que invita a nuestra inteligencia intuitiva a manifestarse, al mismo tiempo que tu hijo construye su propia inteligencia. Por eso, vas a notar que esa unión se manifiesta de modos casi impensados. Podrás escuchar su hambre, porque de tus pechos manará leche, casi un instante antes de su sollozo.
También él sentirá tus dolores, tus incomodidades, tu nerviosismo y tus carencias. Por eso notarás, que cuando estás muy apurada o excitada, ese pequeñito llora desconsoladamente.
Es tan importante este primer tiempo de tu ser madre y de tu hijo que en esos espacios sutiles se abre un mar de posibilidades, que determinan que el niño crezca sano, que aprenda fácilmente, que pueda ser quién es y realizarse.
Esta es apenas una apretada síntesis, tenemos que encontrar formas adecuadas de dar respuesta a las necesidades de los niños hoy y a los interrogantes que se plantean en este hacerse mamá o papá. Por eso, en nuestra escuela para crear “Aprender con los niños nuevos”, abrimos un taller “Yoga para embarazadas y Crianza”. La fuerza de un papá sostenedor. Las necesidades de los niños nuevos. Cómo va evolucionando el niño. El  parto. El puerperio. Sus connotaciones emocionales y espirituales, son algunos de los temas sobre los que iremos dialogando en nuestros talleres.
Hasta pronto y mucho cariño!
Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA) - Autora de: “Aprender con los Niños Nuevos” y “CuentoSueños para los niños cristal”.
Escuela para crear: www.aprenderninosnuevos.com.ar
Consultas y asesoramiento: 4659-5317