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¿Cómo entender a las familias ensambladas?

En la actualidad, nos encontramos con un nuevo fenómeno familiar que se puede definir como “familias ensambladas”. Parejas que se comprometen a una convivencia, teniendo uno de ellos (o ambos) hijos de parejas anteriores. Como todo nuevo fenómeno necesitó tiempo para ser aceptado, digerido y naturalizado por nuestra sociedad, como el divorcio y tantos otros cambios sociales que nos resultan ahora “naturales”.
La pregunta que cabe es cómo se definen estas nuevas relaciones familiares. Es interesante tener en cuenta que esos hijos “ensamblados”  no tienen un término que los defina en esa nueva relación. El único término del que disponemos para nombrar a ese tipo de relaciones de hermandad sin coincidencia sanguínea tiene reminiscencias a cuento bastante oscuro. El cuento es Cenicienta y nos heredó el recuerdo de esas espantosas hermanastras que le hacían la vida imposible a la protagonista. El sufijo astro-astra, ya era despectivo en el latín y no forma otra cosa que sustantivos despectivos.
Es fácil entender por qué estos términos no se hicieron populares. En la vida cotidiana aparecieron otros como: medio hermano, “hijo de la mujer de mi papá”  o cuando la relación está afianzada, se apela al genérico hermano, sin más explicaciones.      
Estas relaciones no se establecen espontáneamente, se construyen a través del tiempo y por eso en un primer momento quizá aparecen dificultades entre los nuevos hermanos.
*Los adultos deben hablar mucho con los chicos, tenerlos al tanto de cada paso que integran estos cambios, para que esta nueva realidad no los sorprenda sin prepararse para ellos.
*El modelo de relación amorosa que tengan los padres y las circunstancias previas, van a influir, facilitar u obstaculizar la integración. Este modelo debe dar lugar a un espacio para los hijos de cada uno y para el hijo deseado. Respetar la historia del otro y que ésta no se convierta en un fantasma que opaque la nueva relación. Es necesario que se respeten los mismos derechos a todos los integrantes de la familia y las mismas obligaciones teniendo en cuenta edades y aptitudes.
*Tratarlos de la misma manera no es lo mismo que quererlos de la misma manera. Hay que aceptar que no se va a querer del mismo modo al propio hijo que al hijo de la pareja, así como el hijo de la pareja no lo va a querer como a su mamá o a su papá. Sentirse presionados a hacerlo va en detrimento de la relación.
*Un nuevo bebé produce celos y temores. Hay que comprender que ese bebé llega a una casa completa con papá y mamá, cosa de la que carecen los otros niños.
*En relación a las pautas de convivencia, la pareja debe concensuar las reglas a respetar para luego encargarse cada uno de hacerlas cumplir a sus propios hijos. Debe estar claro que los niños comprendan que el nuevo miembro de la familia no intenta reemplazar a su mamá o a su papá, pero que tiene el derecho a ejercer la autoridad.
En mayor o menor medida, con ayuda o por intuición, los hermanos sin nombre construyen sus vínculos. Probablemente un día le inventen un nombre o se regrese al viejo. O si todo sigue bien, quizá ya no importe.
Lic Carina M. Sívori – Psicoanalista.
M.N. 20.662 - M.P. 91.463.
Consultas al 4758-1740 o 15-6953-7703