VOLVER A INDICE / NOTAS
El estrés en los niños.

Hoy les propongo pensar juntos sobre un tema  que no sólo afecta a los adultos sino que también lo padecen los niños: el estrés, un nuevo invitado que se ha instalado entre nosotros, en nuestra sociedad, cultura, habilitado por el ritmo de vida en que estamos inmersos. ¿Qué es realmente el estrés? ¿Cómo ayudar a los niños a tramitarlo, elaborarlo y superarlo?
Todos los seres humanos transitamos por períodos de mayor estabilidad y equilibrio y por otros más conflictivos y desequilibrantes. Depende de cada sujeto cómo hará frente a ellos, cómo los transitará, si los incorporará de una manera natural, adaptándose a las realidades que van cambiando en forma permanente, o le implicará un esfuerzo y adaptabilidad especial.
Hay una gran variedad de acontecimientos que pueden desencadenar la aparición de diferentes niveles de estrés en los niños: la pérdida de seres queridos, las separaciones de los padres, violencia familiar, mudanzas, el nacimiento de un hermanito, el cambio de escuela, el ingreso a la escolaridad (en sus diferentes niveles: inicial, primario, secundario), la finalización de las vacaciones, la interiorización de un nuevo ritmo familiar, el exceso de exigencias de actividades, de responsabilidades; la sobre estimulación, producen también situaciones estresantes en los niños y pueden desencadenar efectos distintos a los deseados por los papás (apatía, desgano, tristeza, cansancio).
Por tal motivo quería detenerme en esta etapa inicial del año, donde son tiempos de planificación, organización y de adaptación familiar y donde volver a la rutina cotidiana luego del período de vacaciones insume una energía especial que puede ser generadora de situaciones estresantes. Por eso debe ser un proceso gradual y progresivo; es importante darse el tiempo para ir acomodándose y apropiándose de las nuevas actividades, horarios y responsabilidades lo cual dependerá de los tiempos internos de cada familia y de cada niño. Tratemos de no sobrecargar las agendas de los niños y dejarles tiempos para el jugar y el ocio creativo.
Entonces, ¿qué es realmente el Estrés? Es la reacción psicofísica con la que cuenta el organismo frente a los desafíos de la vida cotidiana, es un estado de alerta frente a las amenazas o exigencias cotidianas, el estrés en sí mismo no es patológico, sí lo es el sostenimiento en el tiempo de este estado de tensión y malestar al cual no le sigue una situación de relajación de la tensión, resolución del conflicto o de la situación a la cual fue enfrentado (esto se llama estrés patológico o distrés).
Si el organismo no logra “normalizar” sus funciones y la sensación es que a una amenaza le sucede inmediatamente otra, el estrés se vuelve crónico y con ello comienzan a producirse alteraciones y trastornos de la conducta. Los cambios más significativos en los niños que padecen estrés suelen ser: trastornos del sueño, presentan dificultades para dormirse, se despiertan sobresaltados, tiene pesadillas, temores nocturnos, o presentan un fuerte deseo por dormir para evadirse de una realidad que lo angustia y perturba.
Trastornos en el control de esfínteres (se hacen pis o caca encima), realizan regresiones, balbucean, recurren a estas reacciones porque añoran épocas pasadas, por ejemplo, ante la llegada de un hermano pueden sentirse amenazados y no queridos y reaccionan de esta manera,  pueden presentar trastornos en la alimentación, inestabilidad emocional, agresión para con sus pares (proyectando el malestar de lo vivido); o inhibición, retraimiento, tendencia a aislarse, dificultades para relacionarse, refugio en la fantasía, pueden aparecer distracción, falta de atención, dificultades en el aprendizaje, somatizaciones, trastornos digestivos (cólicos, diarreas, constipación), cefaleas y alteraciones emocionales como depresión.
Cada niño puede reaccionar de forma diferente en situaciones de estrés. Quienes deben estar atentos a las diferentes manifestaciones y cambios son los papás. El estrés provoca una reacción afectiva muy intensa y es necesario todo el apoyo, la contención, la escucha, la disponibilidad, la presencia y la paciencia de los adultos para sostener a los niños que  están transitando esta situación que para ellos es muy difícil de instrumentar.
Si se sienten acompañados podrán atravesar la situación conflictiva que tanto los preocupa y angustia. Brindémosles un espacio de diálogo para que puedan desplegar lo que les acontece, sin temor, ni miedos a ser juzgados, y si los adultos no pueden manejar estos momentos, ya sea porque le faltan herramientas, o se sienten ellos también agobiados tomados por la situación conflictiva que no pueden resolver, soliciten ayuda externa a un especialista, al pediatra, a un psicólogo que sabrá orientarlos para decodificar el mensaje que los niños quieren transmitirles.
Los saluda:
Lic. Mariana E. Miguez – Psicóloga M.N: 20577 - M.P:82.187.
Asesoramiento y consultas al 4758-7230