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¿Es posible empezar el año estresado?

Terminan las vacaciones, y hay que enfrentar un nuevo año, acomodar nuevamente horarios, rutinas, cambios, despedirse  de aquello que se espera durante todo el año. Sea como sea que se haya transcurrido el receso de verano, afrontar lo que se viene a veces no es tan sencillo. Hay personas que lo viven con angustia, con ansiedad, con incertidumbre y aparecen cada vez más casos de estrés detectados en el primer trimestre del año. ¿Cómo puede ser que recién finalizadas las vacaciones ya aparezca el estrés?
La definición de estrés nos habla de una reacción fisiológica del organismo que se prepara para defenderse de alguna situación percibida como amenazante o peligrosa. O sea que en realidad es un mecanismo natural y sano con el que el cuerpo y el psiquismo se protege del mundo externo, ayuda a la supervivencia.
En estos casos la situación percibida como amenazante y peligrosa es simplemente el nuevo año que comienza. Es natural que cueste adaptarse al nuevo ritmo de trabajo o estudio, que se añore los días de descanso, sin horarios ni obligaciones. Pero generalmente el ser humano se adapta más tarde o más temprano.
Ahora bien, cuando esta respuesta natural llamada estrés es excesiva se produce una sobrecarga de tensión que determina la aparición de síntomas o enfermedades que desequilibran el funcionamiento del cuerpo. Se produce un desajuste entre lo esperado y lo obtenido. Cada sujeto es único y reacciona según su historia, su fortaleza y sus mecanismos de defensa. Hay muchos casos en los que aparece alguna enfermedad o problemática nueva, que con el correr del tiempo se puede ir diluyendo o conservarse.       En los casos en los que existe una falta de adaptación en el comienzo del año, las exigencias laborales o estudiantiles hacen sentir incapaz de hacer frente a las demandas y le cuesta cada vez más realizar bien su trabajo o concentrarse en el estudio. Y así  esta sensación de impotencia y agobio va tiñendo toda su vida extralaboral y le es imposible desconectarse en sus ratos libres.
Estas cuestiones parecen envolver a la persona en un espiral interminable ya que esta imposibilidad de adaptación y dificultad en el desempeño diario producen sentimientos negativos y obstaculizan la adecuación. Todos sabemos que, sea por necesidad, por deseo o por ambas, la capacidad de trabajo y estudio es una de las necesidades básicas del ser humano en el mundo en el que vivimos. Además de la cuestión económica, ser productivo es un valor. No serlo nos excluye del sistema.
Un factor a tener en cuenta es que en general son las personas que nos rodean las que perciben mejor los síntomas o problemas de adaptación. La persona estresada está tan focalizada y concentrada en las presiones y en las preocupaciones que inundan su vida, que es probable que no tomen conciencia de los cambios de conducta e incluso los problemas de salud  tendrán una lectura diferente. Por eso es importante tratar de tomar conciencia de estos problemas, escuchar a los que nos rodean, para poder comenzar a trabajar para remediarlo. Mejorar la comunicación, buscar los factores estresantes, intentar descansar bien, sana alimentación, buscar actividades placenteras compatibles con la rutina propia, y el autoconocimiento: saber qué hay de nosotros en este vínculo especial con lo cotidiano son opciones que pueden ayudar a que los síntomas cedan.                                  
Muchas veces es necesario recurrir a la ayuda profesional que logre analizar el por qué de este sujetamiento reiterado a factores que nos provocan displacer y que obstaculizan la adaptación al medio que nos rodea.

Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 / M.P. 91463
Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703