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Los chicos vuelven al cole.. ¿Y mamá?

Junto al comienzo de las clases y los preparativos que conlleva, para esta época, las mamás solemos proyectar las actividades del año para nuestros chicos: inglés, deportes, arte…Los horarios deben encajar de modo que todos los miembros de la familia cumplan con sus obligaciones y hasta la recreación halle su sitio en la cuadrícula semanal, que acabará colgada en la puerta de la heladera, una vez completa. Y aquí nos detenemos para indagar acerca del fantasma monstruoso del tiempo libre, no solo de ellos, sino de mamá…

Amedrenta pensar en la posibilidad de que los hijos no ocupen tal tarde o cual mañana, que se aburran, que demanden la presencia de amigos; ir y venir al compás de la agenda, trae consigo el frenesí que -puesto a andar- ocupa ese espacio vacío, que asusta tanto o más que la exigencia de llegar a tiempo.

La pregunta sería: “¿qué hay del tiempo libre?”.El tiempo y la libertad no parecen ser solidarios a la hora de planificar la organización familiar: o el tiempo oprime cuando de elegir se trata, o las opciones requieren de una convención que las apure, limite, interrumpa y hasta impida elegir, por ejemplo, ocuparse de uno mismo, vérselas de lleno con la posibilidad. Ya hemos mencionado en otros artículos cuáles podrían ser algunas de las consecuencias de elegir todo por ellos, así como la importancia sustancial de que los chicos cuenten con tiempo libre para jugar, crear, fantasear; incluso, aburrirse, y buscar el modo de resolverlo. ¿Y mamá? Por un lado, una madre debe batallar con la ansiedad que le genera esto de que los cachorros “sean”, con sus gustos, sus decisiones, sus recursos, e incorporar a la agenda algo de este tiempo, destinado a hacer -también como deber- lo que quieran o puedan con su libertad.

Pero por otro lado, las mamás somos mujeres, que trabajamos -dentro o fuera de casa- y podemos elegir ciertas cosas una vez cumplidas las responsabilidades y que fundamentalmente deseamos. Y como dice Colette Soler, en una estructura familiar en que hay padres y niños, y la pareja parental solo funciona como padre-madre, pueda haber paz, pero no, pasión. Porque se suele escuchar que esos momentos en que una mujer ejerce su femineidad, permanecen prohibidos o postergados hasta que los hijos crezcan, y ya no tengamos que planificar su agenda, llevarlos y traerlos, y ocuparnos de desempeñar prolijamente y a horario ese rol, o bien, dejarlo salir a ventilarse alguna vez, a instancias de una culpa atroz, lo que tiene consecuencias perturbadoras que buscarán expiarse volcando más atención e invadiendo más aún el espacio de nuestros hijos, en nombre de ese tiempo que les hemos arrebatado durante el cual nos ocupamos de ser mujeres: estudiar, perfeccionarnos, embellecernos, salir a pasear con una amiga, y ni hablar, de un encuentro a solas con un hombre…

La vuelta al colegio y las actividades de los chicos, el inicio del año, dan nueva marcha a nuestro ser mamá. Pero dice Freud que la femineidad es lo que determina lo humano en una mujer; de modo que el ser humano mujer, ¿todavía pugna en cierto lugar de sí por no ser subordinado a las obligaciones domésticas, que incluye ocuparse todo el día de los hijos? Parece que sí; que la aspiración al ejercicio de ser mujer se encuentra con la contradicción, con la angustia a veces, de desear correrse por un momento de la madre abnegada, omnipotente, que podrá con todo y mucho más, a expensas de portar la máscara de la que habla la psicoanalista Irene Meler, que acalla esa voz, y remedia a la vez la culpa que nos genera ambicionar algo más; para disimular la existencia del deseo.

Sin embargo, para Lacan, la femineidad y sus características no están allí a priori ni se esconderían detrás de una máscara, sino que deben construirse, simbólicamente, allende la maternidad, tan elogiada y sobrevaluada durante los últimos años, agregamos. Pero no hay que olvidar que los mitos, al menos los revisados por Freud respecto de este tema, asocian lo femenino con lo erótico y con la muerte; y esta articulación , además de enigmática, resulta por lo menos abrumadora y distante del imaginario revestido de ternura de todo lo que concierne a una madre.Cuando Simone de Beauvoir decía que “mujer no se nace, se hace”, quizás se anticipaba a las exigencias de la planificación anual de una mujer occidental de hoy, ama y señora de la organización familiar, y nos alertaba acerca de la importancia de reservar en la cuadrícula un rinconcito para que mamá haga lo que hay que hacer…

Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.