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Separaciones, divorcios, rupturas…
¿Cómo proteger a los niños ante estas situaciones?

Muchas pueden ser las causas que motiven en cada pareja la toma de esta decisión, pero es importante para quienes estén transitando por este momento tomarse el tiempo para reflexionar, pensar y no actuar precipitadamente, escucharse como pareja, su historia, aquello que los unió, que los constituyó en familia, los proyectos compartidos, los individuales; el reconocimiento del otro como sujeto deseante con sus demandas, necesidades y capacidades de dar y recibir. El poder evaluar si aquello que los sostuvo como pareja necesita de nuevos replanteos, de otros modos de funcionar, de nuevos posicionamientos, si hubo un desfasaje en los crecimientos individuales y de pareja, y si es posible todavía reelaborar el vínculo, considerando que esté presente fundamentalmente la capacidad de amarse, respetarse y contenerse. Muchas veces enceguecidos y tomados por la tensión reinante, que producen las peleas y discusiones, la pareja pierde de vista el afecto que los une y la posibilidad de encontrar nuevas salidas. Realizar una terapia de pareja, puede ser una opción de gran ayuda antes de tomar una decisión.
Y si a pesar de todos los intentos realizados y de haber agotado todas las instancias previas, la pareja decide separarse, es de suma importancia preservar y priorizar el bienestar de los hijos y que la separación sea lo menos traumática y dolorosa posible.
Cuando esto acontece se produce una importante conmoción familiar, a la que se le suman sentimientos de tristeza, angustia, sufrimiento, una sensación de fracaso y de frustración en relación a lo que no pudo ser. Es la caída y la ruptura de la familia idealizada. Al principio parece que se viene una hecatombe, los primeros tiempos son tormentosos y fluyen escenas de todo tipo acompañadas a veces de mucha bronca, enojo, rencores y desilusión. Las cosas se irán ordenando, acomodando y organizando, se realizarán nuevos acuerdos, pactos, se irá elaborando el duelo por lo que se ha perdido, los afectos también se irán ordenado y con ellos aparecerán los replanteos personales, los nuevos posicionamientos que deben estar bien definidos y claros, para que los niños puedan ir procesando lo más sanamente posible esta instancia tan dolorosa para ellos. Los chicos necesitan saber que lo que se va a modificar es el tipo de familia, la modalidad de funcionar, y no la familia misma. Es importante explicarles lo que va a suceder, los cambios que se van a producir, hacerles saber que seguramente van a sentirse tristes, pero la decisión que tomaron los papás es para encontrar un camino para estar bien y así poder estar mejor con ellos.
Para acompañar este proceso los padres deben tener en claro el lugar a ocupar: No utilizar a los hijos como instrumentos de poder sobre el otro, ser cuidadosos delante de los niños y no desvalorizar ni degradar al ex cónyuge, preservar a los niños y no involucrarlos en temas íntimos, realizar acuerdos con respecto a la educación y crianza de los pequeños.
La puesta de límites debe ser algo a conversar entre los padres, para brindarles la contención y el afecto necesarios, y que el niño no crea que está a la deriva y que él puede hacer lo que quiera con cada uno.
Se debe permitir que los niños disfruten de ambos padres, y no proyectar rencores y tomar represalias con la ex pareja involucrando a los pequeños, ya que los adultos pueden tener grandes desencuentros, lo cual no los inhabilita para cumplir sus funciones parentales. No exponerlos a situaciones de rivalidad y tensión que aumentarían su malestar, diferenciar el hombre del padre y la mujer de la madre, es importante poder intentar realizar esta diferencia para que la separación sea lo menos conflictiva. Ante situaciones que no se pueden manejar recurrir al asesoramiento jurídico y psicológico para poder transitar lo más sanamente posible la separación, y los acuerdos que hay que abordar, (tenencia de hijos, régimen de visitas, manutención, bienes). Instalarse en estas peleas hace perder de vista en muchos casos la salud psíquica y el bienestar de los hijos, y es un deber como padres propiciar ámbitos donde se privilegie el amor, la felicidad, la confianza y la contención, y esto se construye en el día a día.
Lic. Mariana E. Miguez, Psicóloga - M.N. 20.577 - M.P. 82.187
Asesoramiento y consultas al 4758-7230