VOLVER A INDICE / NOTAS

La distimia:
un mal de nuestros tiempos


Una persona distímica es lo que todos conocemos como una persona amargada. Tiene muchos altibajos, tiende a sentirse triste y suele ser irritable. En estos casos, estas características no forman parte estructuralmente de su carácter. Es un trastorno que tiene explicación y se cura. Es probablemente de naturaleza orgánica pero suele activarse por una situación de estres continuado. Suele sucederle a personas sometidas a presiones o tensiones permanentes o muy autoexigentes para las cuales cualquier acontecimiento puede resultar estresante.
“Humor perturbado” es la referencia griega que describe este concepto, el cual puede compararse al de “depresión menor”. Es una alteración del estado de ánimo con síntomas mucho más leves que la depresión mayor y que tienen como característica no ser constantes. Este trastorno puede durar semanas, meses o años.
Hay muchos autores que consideran que ninguna depresión tiene causas realmente endógenas (orgánicas, sin aparentes factores desencadenantes) ni reactivas (como respuesta a una situación determinada). O sea que se puede buscar la causa en cuestiones objetivas, o en una predisposición genética, que puede aparecer en un 30% de la población que tolera mal la frustración. Esta frustración no tiene que responder a graves traumas, sino a pequeñas vivencias que irritan a la persona, lo molestan, y en su sumatoria se tornan frustrantes.
Podemos plantear entonces que el origen de la distimia es multifactorial: factores genéticos, bioquímicos y psicosociales que interactúan entre ellos.
Algunos posibles síntomas de este trastorno (no es necesario que aparezcan todos):
*Anhedonia que es la incapacidad para disfrutar vivencias o acontecimientos que antes disfrutaba.
*Desesperanza, son personas que se ven desanimadas para todo.
*Altibajos del estado de ánimo: con tendencia a sentirse deprimido o irritable. Se suelen enojar con facilidad y tienen reacciones imprevisibles lo que lleva a conflictos constantes con su grupo familiar  y amigos.
*Frecuentemente somatiza su problema. Cefaleas y vértigos, junto a los estados de fatiga crónica, son habituales en los pacientes con distimia.
*Tiene una muy baja tolerancia a la frustración, no soporta las contrariedades. Se agobia con pequeñas dificultades. 
*Existe un retraimiento social, no les interesa ningún tipo de contacto social, ni ninguna actividad que se relacione con otras personas.
*Aparecen trastornos en el sueño, el sueño no les resulta reparador, no descansan. Pueden despertarse varias veces a lo largo de la noche o puede sufrir una hipersomnia, pero no sólo un día, sino por períodos.
*Les cuesta concentrarse y pueden aparecer problemas de memoria. 
*Se acrecientan sus manías, sus fobias y su ansiedad obsesiva. Los temas que le preocupan no se los puede “sacar de la cabeza”
*Aunque a veces esté claramente depresivo, puede, al cabo de un rato, mostrarse optimista y jovial.
Se habla de trastorno distímico cuando estos síntomas descriptos dura la mayoría del día y dos años en adultos y uno en niños. Sin embargo, se aconseja consultar a un profesional de la salud o a un psicólogo a cualquier persona que durante más de tres semanas se encuentre "desesperanzada", irritable y con falta de "ganas de vivir", independientemente de que conozca o no los motivos. Porque si se tratara de distimia: "El tiempo no lo cura todo; a veces lo cronifica”.
Una de las dificultades más importantes es que quienes padecen distimia no consideran su estado de ánimo como algo patológico; culpan a circunstancias desfavorables, al trabajo o a sus relaciones de pareja de su irritabilidad y, por ello no acostumbran a consultar su problema. Pero otros distímicos sí llegan a las consultas. De esta manera, el tratamiento psicológico ayuda a los pacientes a afrontar un problema que "no necesariamente debe ser tratado con fármacos".  Paralelamente se aconseja también cualquier actividad de ocio que resulte placentera para cada uno, porque ello influirá favorablemente en su estado de ánimo, lo que contribuirá también a mejorar su calidad de vida y su posición frente al tratamiento psicológico.  
Lic. Carina Sívori. Psicoanalista.
MN: 20662 – MP: 914632.
Consultas al: 4758-1740 – 15-6953-7703.