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DEL ENCUENTRO

A partir de ese momento maravilloso capaz de generar vida, la mórula se transforma hasta alcanzarse en niño. Él se acomoda y descansa en su cuna acuosa, patea, se estira, se despereza y así se comunica en su fantástico lecho materno.
Al nacer, aterriza en un mundo desconocido al que se va integrando deslizándose por ese cordón que ahora está cortado, pero que él lo continúa, colgándose del olor materno, de su voz, de sus caricias, de esa leche de amor, que con los ojos fijos en los de su madre, traga embelezado, cerrando los ojos mientras los chorritos de leche corren por las comisuras de sus labios.
Y en esas primeras miradas, mezcladas de muecas, frunces y gemidos guturales, comienza a comunicarse con un mundo tan raro.
Cuando alguno de sus sentidos está alterado, también lo está la comunicación, y entonces una sensación de inseguridad profunda invade, no sólo a él, sino también a su madre.
Así, en el caso de un niño sordo, su base de sustentación tambalea, cuando no tiene frente así a su mamá, cuando no se ve en los ojos de ella.
A partir de la detección precoz de situaciones que alteren la común respuesta de un niño, es imperioso abordar la estimulación temprana como único camino para encauzar su desarrollo y orientar a la mamá y a la familia a lograr estrategias posibles para no perder la comunicación con el hijo, ya que es precisamente ella su cable a tierra con la vida.
Es a  través de la comunicación que logra identificar el mundo y así identificarse. Establece relaciones que le devuelven la imagen de sí mismo y entonces la experiencia toma real sentido.
Después, serán momento de escolarización a la que accederá acompañado del criterio médico y de servicios inter e intra disciplinarios que logren esbozar un plan de trabajo individual, acorde a sus necesidades y posibilidades.
No pueden emitirse criterios terminantes. Cada uno será permeable a lo que pudiere. Entonces habrá niños sordos con posibilidades a la oralidad y otros manejarán otras formas de comunicación.
Lo esencial es lograrla.
No existen métodos mágicos. La única magia es el amor. El puede mover montañas, y es la fuente de energía de la que depende el funcionamiento de la inteligencia.
Es el momento en el que el deseo se humaniza, nace el lenguaje.
El niño con pérdida auditiva sólo reclama ser reconocido como niño, no como sordo.
En palabras de Maud Mannoni: “La experiencia nos enseña que una educación sólo resulta eficaz en los casos en que, más allá del síntoma que debe ser reeducado en primer término,  existe un mensaje que debe ser oído”
Ofelia Marazzo
Profesora en  Discapacitados en audición, voz y lenguaje. Directora de Siembra, ECyL