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Todo es cuestión de decisión
¡Basta de culpa!

-Todo  es cuestión de decisión- me dijo una niña de nueve años, con quien trabajo.
-¿Qué significa eso? le pregunté asombrada.
-Recordás el año pasado, cuando por unos meses resolví mi problema…
-Sí, estabas muy contenta- le contesté, confirmándola.
-Sentí que había decidido salir de eso y lo logré. Pero, después de un tiempo, me volvió a ocurrir. Ahora, otra vez, decidí cambiar y lo hice. Decidí estar bien y estoy bien y me siento bien. Me parece, que es un aprendizaje para toda mi vida.
Todo es cuestión de decisiones. 
En ese momento sentí un profundo agradecimiento. Niños maestros, niños que guían.
Su claridad y posibilidad de síntesis, me tocó intensamente.
Todo hombre sabe  en su corazón, que es un ser único y singular en esta Tierra, y sabe que no hay ningún azar que cree otro hombre idéntico a él.
Reprochar a los demás por nuestros logros o fracasos, por las condiciones de nuestra vida no es más que buscarse excusas.
Cómo te sientes, en parte tiene que ver con cómo percibes tu mundo, a las personas y a los hechos que ocurren en él.  Existen posibilidades y limitaciones en cuanto a la diversidad de los seres y a las condiciones con las que hemos nacido, sin embargo siempre hay diferentes caminos.
Nuestro micromundo integrado al universo, es pleno de posibilidades, también de dificultades.
Cada una de las dificultades o facilidades que se nos presentan abre a  elecciones que vamos realizando y que construyen nuestro ser, nuestros días, nuestra vida.
El poder personal, la capacidad de crecer en la autoconfianza, de conectarse con un sostén, una plataforma interna desde donde atrevernos a crear nuestra singularidad, a expresarnos, crece en el interior de nuestros niños- y de nosotros- a medida que  observan que sus elecciones positivas, les permiten liberarse de dolores, limitaciones, bloqueos.
Los padres y educadores podemos ayudarlos. A casi todos los niños les gusta echar a alguien o a algo la culpa de lo que les pasa.
Esto ocurre, desde que son muy pequeñitos. Lo observamos en las peleas entre hermanos, cuando rompen algo, cuando no cumplen con la tarea escolar…hay muchos ejemplos.
Lo que a veces no percibimos los adultos es que los niños nos imitan. Aprenden de nosotros a culpar a… la mamá, la maestra, el jefe, el tiempo, el dinero, el país, cuando ocurre algo frustrante. Preguntarnos ¿Qué me pasa, que no puedo llevarme bien con él? ¿Qué hago para que esto me salga mal?, es la vía óptima para formar niños que no busquen culpables afuera.
¡Basta de culpa! Los errores son parte de los procesos, nadie aprende a tocar un instrumento si no equivoca una nota. Nadie pintará si no se atreve a manchar una tela, si se inhiben los garabatos.
Siempre estamos eligiendo, casi todo es una cuestión de elecciones. El chico que ha aprendido a decir ¡yo no fui!, también está eligiendo.
Una de las tareas de los padres y educadores consiste en ayudar a entender la inutilidad de la culpa, y la libertad interior que proviene de asumir nuestras reales posibilidades de decidir y elegir, como un derecho de nacimiento.
Prof. y Lic. Graciela Croatto (UBA)
Autora  de.  “Cuentosueños para los niños cristal” y “Aprender con los niños nuevos”. Asesoramiento y consultas al: 4659-5317