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La fuerza de la confirmación en la educación de los niños

La necesidad de un niño es la  necesidad básica humana: ser apreciado, sentirse querido y deseado.
El portarse mal, responder con rabia a la frustración… las escenas de enojo o dramáticas,  los comportamientos no demasiado adecuados, exigen un modo de proceder de sus padres y educadores. Una respuesta, que connota la conducta del chico,  positiva o negativamente.
Un nene de tres años, da órdenes a todos y exige con  gritos que se cumplan. La familia se ríe y fomenta ese comportamiento autoritario. Un pequeño dictador, está  probando sus  herramientas para controlar a los demás. Con los años, el niño continuará recurriendo a esa forma  de actuar para buscar atención, pero ya no causará gracia. Si persiste, en su  búsqueda  inconciente de atención, muchos se apartarán de su lado y ese proceder, podrá  llegar a estructurarse como un comportamiento enfermo.
Los retos continuos, la severidad extrema, fijan la conducta en esos modos de respuesta negativa porque brindan demasiada atención.  Porque  los chicos,  de esta manera negativa, consiguen ocupar el centro y mantienen a los otros  pendientes de ellos. Es  valioso, intentar comprender qué sentimientos y emociones se ocultan tras la acción del niño. Resolver las situaciones conflictivas, fijándose menos en el mal comportamiento y prestando más atención a sus cualidades y capacidades. Hacerlo de  este modo, invita al niño a cambiar de actitud. Al quitarle peso a sus respuestas destructivas, le restamos  poder a esa acción y ayudamos a redireccionar sus energías, para alcanzar un modo de comportarse más adecuado.
Es importante reducir la ansiedad y aumentar la confianza en sí mismo. Esto le permitirá apoyarse en sus capacidades, apelar a sus posibilidades positivas de accionar sin necesidad de volver a los modos de actuar que lo dañan.
Los chicos necesitan buenos ejemplos. Podemos decirles  muchas cosas, sin embargo ellos aprenderán por las vivencias compartidas. Ellos observan e imitan, así aprenden. Por eso, como padres y educadores, tenemos que aprovechar el momento de la crianza o del trabajo con ellos, para revisar nuestro modo de ser y estar. Observar nuestras fallas, hacer cambios que ayudarán no sólo a los pequeños sino a nosotros mismos a avanzar creativamente en la vida.
Es importante que prestemos atención al modo en que nos comunicamos. Saber escuchar y expresarse de una forma clara. Prestar interés genuino. Mirarlos cuando les hablamos. Dejar las otras cosas que estamos haciendo y detenernos a escucharlos. Ejercitar una buena comunicación, construye un espacio de diálogo permanente.
Los errores, son oportunidades para cambiar aprendiendo nuevas formas de convivir.
Si  queremos que los niños sean personas responsables, con una adecuada autoestima, tenemos que respetarlos. “Te respeto porque me respeto a mí mismo”.  Eso no significa que olvide mi condición de adulto y educador. Los niños necesitan límites,  puestos con autoridad y claridad.
Significa que somos concientes de sus necesidades de cuidado y protección, pero esto no implica que podemos avasallarlos desconociendo sus preferencias o invadiendo sus elecciones. Los niños tienen derechos y a veces no son respetados.
La desvalorización, no estimula. Apabulla, confunde, perturba, enoja, daña. Las experiencias gratificantes, la confianza en las personas que los cuidan les permiten sentirse seguros, saber que están protegidos.  
Los niños, deberán saber siempre, que son amados incondicionalmente. Comprender, que hagan lo que hagan, serán queridos. No tienen que tener temor a mostrar su miedo y vulnerabilidad, porque nunca, sus padres o educadores se burlarán de ellos, ni los harán sentir ridículos. Un niño no debe ser humillado, ni creer que será menos amado porque cometa errores.
¿Qué significa “confirmar” a un niño?
Confirmarlo,  significa mostrarle que puede, que es capaz, que logrará realizar aquello que precisa hacer. Decirle sí te quiero, sí vas a lograrlo, lo centra en el encuentro con sus propias fuerzas.
Le permite tener confianza en sí mismo, creer que logrará sus propósitos. La mirada del otro, orientada de este modo, lo espeja positivamente. Lo abre a creer en sí mismo. Confiar en su poder, nutre a la perseverancia. Ayuda a continuar en los momentos más difíciles. Confirmarlo, invita a avanzar, acompañándolo en el camino de su propio crecimiento armónico.

Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA)
Autora de: “Aprender con los Niños Nuevos”  y “CuentoSueños para los niños cristal”
Escuela para crear.
www.aprenderninosnuevos.com.ar
graciecr@gmail.com
Consultas al: 4659-531