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Síndrome de Asperger: un trastorno del desarrollo.

Dentro de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), se encuentra el síndrome de Asperger, que comparte obviamente, ciertas características con los demás TGD, pero además presenta ciertos signos distintivos.
En los niños con TGD, el desarrollo evolutivo ha seguido otras vías. La comunicación, el lenguaje, las relaciones sociales, las capacidades intersubjetivas y mentalistas,  capacidades de anticipación y flexibilidad… El desarrollo de los procesos de simbolización en general, son las áreas más afectadas en estos niños.
Las peculiaridades propias del Síndrome de Asperger, incluyen principalmente el buen nivel intelectual y el intento por aprender los códigos y reglas sociales, aunque no sepan muy bien cómo hacerlo. En general no presentan trastornos expresivos, salvo en la prosodia. Pueden tener un gran cúmulo de conocimientos respecto a un área restringida de interés.
Es entonces, este niño, con Síndrome de Asperger, con su continuo de alteraciones cualitativas del desarrollo subjetivo, el que nos  interroga a los profesionales y educadores, dada la diversidad y la heterogeneidad del cuadro, para brindarles un plan de trabajo acorde a sus propias necesidades.
Los profesionales debemos repensar la clínica desde la singularidad.
Los diferentes marcos teóricos, los avances de la teoría cognitivo - conductual  con sus instrumentos, re-cursos y estrategias, las diferentes pruebas estandarizadas, las escalas y cuestionarios, etc.,  deben ser los instrumentos con los que contamos los profesionales para evaluar, diagnosticar y tratar a un niño, pero sin perder la observación clínica, gran instrumento siempre, pero más aún si se trata de un niño con Síndrome de Asperger. Estos niños nos mantienen en un estado de alerta constante, para no perder de vista las pequeñas minuciosidades cotidianas: Los besos que nos dan, los abrazos, los intereses frente a algunas propuestas y el desinterés frente a otras, el gran cúmulo de conocimientos que en general poseen  sobre algún tema en especial, que los pone felices y a que le temen, que objetos o temas son de su interés, en que situaciones buscan al Otro, etc., (Podría seguir escribiendo mucho más).
Por consiguiente para ayudar a un niño con Síndrome de Asperger u otro trastorno  del  desarrollo,  debemos hacer una minuciosa evaluación de sus puntos fuertes y débiles, para así partir desde su zona de “seguridad/confiabilidad” para ir trabajando la compensación de sus áreas deficitarias.
El plan de trabajo que se di-seña para cada niño y las estrategias que se van implementando deben poner-se en práctica en los diferentes contextos en los que el niño es parte. No debemos esperar que las conductas aprendidas en un contexto, por ejemplo el consultorio, las generalice y aplique a situaciones similares en diferentes contextos, por sí solo. Para lograrlo, el niño requiere que este ejercicio mental, esta capacidad de generalizar y sintetizar, se le enseñe. Así como tantas otras cosas  que no han aprendido naturalmente, sólo por formar parte de una sociedad.
Pero ¡Ojo!, no sólo frente a nosotros tenemos a un niño que requiere de nuestra función de enseñante, de acompañante, de guía, de andamiaje. También tenemos a un profesional frente a un niño que es un gran misterio por descifrar y que día a día, nos permite seguir aprendiendo.
Lic. María Fernanda Cabrera. Psicopedagoga.
Coordinadora del Centro A- Ser. Consultas y asesoramiento al: 4758 - 6231.