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Allá donde este año parece terminar, otro nos espera.

Estamos comenzando a transitar el último mes del año “Diciembre” y con su llegada, llega el balance,  las vacaciones y los cierres después de haber transitado un largo año, cargado de responsabilidades, horarios y exigencias.
Por lo general los balances  siempre resultan negativos, lo que faltó, lo que quedó sin hacer, lo que no resolvimos, lo que prometimos todo el año y no pudimos cumplir… sin embargo si agudizamos la vista, el oído y los sentidos, vamos a darnos cuenta de que esto es sólo producto del cansancio, el agotamiento y la ansiedad por comenzar un nuevo año, como si pudiéramos así entrar a una nueva vida, lo que aumenta la expectativa  puesta en el próximo ciclo, y se transformará nuevamente en una año con balance negativo y así: la interminable rueda de insatisfacciones.
Sin embargo si pudiéramos detenernos a observar también los logros, las cosas que pudimos alcanzar y sobrellevar, el crecimiento de nuestros hijos… todo eso nos ayudaría a ver que “tan mal no lo hicimos”, que “el vaso no estaba medio vacío” y así poder esperar las fiestas y las vacaciones como parte del año y no como un hito en el que ilusoriamente se deposita el cambio radical de nuestra vida, lo que nos lleva necesariamente a perder la posibilidad de disfrutar.
Tiempos de descanso, de ocio, de recreos, tiempos con la familia, tiempos para si mismos, tiempos de pareja, y así una infinidad de tiempos que es necesario regalarnos, permitirnos y apropiarnos porque nos pertenecen.
Los primeros días de vacaciones producen gran conmoción. Toda la familia tiene que ir acomodándose y planificarlas crea un clima familiar especial.
Son momentos de poner a prueba nuestra capacidad de respetar el deseo del otro, el propio, de ceder, de repactar, de elegir, de priorizar y es una gran experiencia emocional, y un crecimiento como familia.
Relajarnos de la ajetreada vida en la que estamos inmersos es todo un aprendizaje y es la oportunidad de acercarnos a lo infantil de nuestros niños, a su mundo de placer, disfrute, creatividad, imaginación.
Una gran opción para unas saludables vacaciones, mas allá del destino elegido o si nos toca quedarnos, la consigna es poder cambiar la rutina del año, ligar el descanso a lo distinto y gratificante.
Así como “las fiestas”, tiempos de celebración y de compartir que a veces se transforman en luchas intensísimas de cada familia por ver con quien la pasamos este año, es por ello que el mejor regalo para nuestros niños es que sus expectativas, fantasías e ilusiones formen parte del encanto navideño, los preparativos y la participación de ellos contribuye al clima festivo, preservémoslos del consumismo y las disputas y recuperemos aquello que se ha ido perdiendo con lo rutinario y apresurado de la vida cotidiana.
Que disfruten estos tiempos que vienen!
Hasta el próximo año.

Los saluda el equipo de A-Ser, centro interdisciplinario de psicoterapias.