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SER CHICO ES LO MÁS GRANDE QUE HAY

Es cierto que los tiempos han cambiado, que las mamás embarazadas ya no usamos vestidos corte princesa con cuello babi, que las abuelas ya no tejen mañanitas para el momento de amamantar y que los bebés ya no usan cofia ni mantillas al crochet al salir de la clínica...Pero a pesar de las modas, las tendencias, las propuestas visuales y los prototipos comerciales, los chicos siguen y seguirán siendo chicos.
Cada edad, cada estadio de la vida, tiene sus características: permanecer en la cuna, rolar, pararse, gatear, caminar, son experiencias fundamentales en tanto constitución de las inscripciones que quedan de ellas, y -a diferencia de aquellas costumbres del siglo pasado, lejos de fajar a un niño para que su columna se solidifique derechita- hoy por hoy es sabido que cuanta mayor libertad posee un niño para moverse, mayores serán sus posibilidades de desarrollo psíquico. Para Piaget “todo acto inteligente fue primero una conducta motriz”... Moverse, tocar, intentar alcanzar un objeto que aparece como atractivo, comer... son acontecimientos que requieren contar con condiciones apropiadas: seguridad, cuidado y ropa cómoda, entre otras.
Cuando un adulto decide asistir a un espacio recreativo o deportivo, se procura la ropa apropiada como para poder ejecutar la actividad o el deporte con comodidad; a nadie se le ocurriría ir a una clase de spinning con tacos o chaqueta de gabardina y corbata. ¿Por qué es lícito, entonces, vestir a un bebé pequeño, con jeans ajustados y llenos de costuras y cierres, y camisas o abrigos de hechuras rígidas, que además de incómodos, les impiden moverse? Ropas de combate, vestidos de lamé, cuellos apretados, pegatinas estrafalarias, zapatos en miniatura que imitan modelos de los adultos...
Un adulto que decide tener un hijo, espera un bebé, un niño; un infante, un pequeñito que deberá construir sus experiencias motrices y vivenciar la satisfacción, la frustración, la necesidad, los intentos; cada acción, en cada una de las etapas, cuenta con determinadas posibilidades de ser y requiere ciertas condiciones, que los adultos debemos procurar. Pero si los adultos creamos un ambiente de adultos para el desarrollo de un niño, lo vestimos como adulto, lo llevamos a sitios que no son apropiados para niños, y los estímulos se multiplican de manera que no alcanzan los intentos de protección del bebé respecto de aquello que le genera tensión, en principio se quejará, llorará y más tarde, expresará su incomodidad e insatisfacción a partir de conductas que algunos adultos leen como “poco adaptativas”, pero que en realidad, son básicamente defensivas y la expresión de su genuina necesidad de encontrarse cuidado,  seguro y protegido de tales exigencias ambientales.
Confundir el ser grande con el ser chico, desde lo estético y hasta desde lo “ético” (ethos: costumbre, hábito), genera mucha ambigüedad; acciones u omisiones que habilitan esa ausencia de límites, de condiciones segurizantes propias del ser pequeño,  lo que en definitiva resulta ansiógeno e inseguro para un chico, y termina convirtiéndose en lo que Ana Quiroga denominó “divalencia” y que puede resultar muy conflictivo para el desarrollo de un niño: situaciones en las que signos contrarios aparecen disociados y dirigidos hacia depositarios diferentes. Ser chico exige condiciones de cuidado y garantías respecto de sus posibilidades. Somos los grandes, los que debemos respetar, defender a ultranza, acompañar y respetar esas condiciones, porque ser chico, es lo más grande que hay, al menos mientras se es un niño.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523.
Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.