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"Ser o tener"
En la adolescencia

En la búsqueda de su identidad, el adolescente recurre a posiciones que cree favorables: asume identidades transitorias o se presenta como diferentes personajes, ofreciendo variadas versiones de sí mismo. Es frecuente escuchar que está atravesando un doloroso duelo, abrazando con melancolía su infancia, al tiempo que ensaya actitudes de adulto y se debate entre el crecer y el no-crecer; lo cierto es que padres y docentes nos convertimos de buenas a primeras en esos seres siniestros, que además de exigir limpieza y elegancia, ponemos en evidencia los peligros del mundo que acechan con arrasar con lo que es.
Frente al riesgo de la pérdida, los pibes intentan apaciguar su padecer adhiriendo y apropiándose de sustitutos, y desean otras personas u objetos; sucede que no es la primera vez que los adultos configuramos en su imaginario ese monstruo mutilador: ¿o acaso no arremetimos ya contra su cuerpo quitándoles la teta, tapando sus bocas con chupetes, sacudiéndolos para dormirlos, sentándolos apuntalados con almohadones y atándolos con firmeza al paragüita? Además hemos hecho tanto ruido y tanto silencio...Fuimos nosotros quienes, víctimas de nuestra propia ambivalencia, pusimos gestos en lugar de palabras y palabras en lugar de gestos, cerca de esos seres que sólo “necesitaban” volver a protagonizar esa experiencia única y satisfactoria de “ser” uno mismo con mamá.
Pero mamá -en el más saludable de los casos- se ha entretenido con otras actividades y con un hombre; con otro que no era él, introduciendo a la escena a un papá, que poco a poco se convertía en el portador del poder y las herramientas regias para obtener el amor de mamá. Entonces, quien lo “fue” todo y lo “tuvo” todo, se encontró no sólo con una mamá que no podía poseer, sino también con un papá que se encargó bien de decir que algo NO se puede “ser” o “tener”. Así surgió la posibilidad de ir hacia el padre, tanto los varones como las niñas, para obtener esos blasones que sólo él tenía y podía ofrecerles.
Esta estructura, que es común a todos los sujetos, funda los cimientos de una identidad única y particular, que acompañará la búsqueda de todo aquello que restituya la satisfacción primera, motivada además por el deseo -con sus mociones tiernas y hostiles- , pero que encontrará sucesivas prohibiciones, que gracias a que pueden en esta etapa reeditarse, permiten también la reedición de los límites al “serlo” todo y “tenerlo” todo.
Además de la relación con el tiempo, los regalos con los que los padres solemos tapar algunas faltas, pueden ofrecer a los adolescentes la creencia de que son ellos quienes ponen los límites a los adultos. Teniendo en cuenta esta problemática del SER en esta etapa crucial del desarrollo humano, ¿podríamos preguntarnos si es fundamental el TENER el último modelo de celular, el MP 4, la computadora con más accesorios, objetos que encierran, aíslan, desolan y ponen a competir con otros?; ¿estos objetos responden a la demanda, que es siempre demanda de amor, y acompañan la búsqueda de la identidad de nuestros pibes?. ¿O acaso estamos promoviendo que en lugar de identificarse con otros sujetos, los jóvenes se hallen identificados a aquellas cosas a las que se ha sobredimensionado, y que en definitiva, los aniquila como sujetos, prolongando el poder de aniquilar a los demás? María Cecilia Dubois - Docente