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Los engaños de la comunicación.

Hay una realidad ineludible que acompaña el actual modo de vida y es el inquietante cambio en nuestro modo de comunicarnos. Aquellos que tienen más de 40 años se encuentran con un mundo nuevo, con una lógica totalmente diferente a la acostumbrada. Y es que en las últimas décadas los cambios han sido radicales. Aquellos que tienen guardadas sus primeras fotos de su niñez en blanco y negro y con un borde blanco alrededor, se encuentran publicando instantáneamente las fotos sacadas con su celular en todas las redes sociales posibles. Celular que era una realidad impensada en una casa donde no había ni siquiera teléfono de línea.
Y así estas modificaciones en nuestros hábitos y costumbres tuvo su paralelo en los cambios en la forma de comunicarnos. Durante siglos los intercambios epistolares fueron el centro de la comunicación. La amistad, los amores, los mensajes familiares, se ensobraban y esperaban días o semanas para ser recibidos. Y sólo las postales reducían la posibilidad de explayarse literariamente a unas pocas palabras. En cualquiera de las  otras formas había tiempo de pensar lo que se quería decir y cómo decirlo, se hacían borradores que luego se pasaban en limpio… Cartas de grandes autores, músicos, pensadores y poetas han dejado como legado su formas de pensar, su ubicación histórica, su filosofía de vida y su modo de pensar. ¿Será lo mismo leer los Twitts o los mensajes de texto dentro de varias décadas? Claramente no. Porque la forma de comunicarnos cambió pero también cambió nuestra forma de interpretar lo que leemos, escuchamos o vemos.
Y a pesar que en la comunicación humana siempre existe el malentendido, las posibilidades en otras épocas eran menos. Estos intercambios epistolares fueron reducidos sólo a carta documentos, telegramas de despido y pocas variantes más.
La tecnología y las redes sociales acercaron al mundo, permitiendo contactar a cualquiera de manera inmediata con personas al otro lado del planeta y eso es maravilloso. El problema aparece con el empobrecimiento del lenguaje que trajo consigo. Y esto no quiere ser un juicio de valor o una postura desvalorizante. La preocupación está en la observación del empobrecimiento de la comunicación. Las abreviaturas, los cambios de letras para ahorrar espacio, los emoticones aparecen como símbolos que el otro debe decodificar. Y como todo símbolo tiene tantas interpretaciones como sujetos se vinculen con él. La rapidez de la comunicación también hace la diferencia, la inmediatez en la llegada de la pregunta o comentario supone una respuesta acorde, con lo cual se encuentran contestando muchas veces antes de recibida la respuesta anterior. En estas circunstancias de ansiedad comunicativa claramente no se hace lugar a la reflexión y el resultado final del mensaje suele ser incierto.
Quizás este nuevo mundo tecnológico epistolar necesite tiempo para que nos adaptemos a él, o quizás se tenga que decodificar los mensajes sin el objetivo de realizar el proceso comunicativo exitosamente. O sea, tener en cuenta que a veces lo que queremos decir no es lo que se escucha o se lee del otro lado.
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 / M.P. 91463. Consultas al: 4758-1740 / 15-6953-7703