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Mamá tengo mucho miedo…

Es muy común que los niños tengan diversos temores, como por ejemplo a la oscuridad, a dormir solos en su habitación, lo cual  es esperable que suceda en algunas etapas del desarrollo infantil; sus causas pueden ser muy diversas y están en relación a varios factores.
Se puede decir que muchas veces a los padres se les hace dificultoso poder solucionar los problemas que atañe al niño o niña cuando quiera ir a dormir con ellos debido a los miedos nocturnos, generando de este modo incomodidad e irritabilidad a la hora de llevar a cabo estas seudo soluciones. Es muy importante que los padres intenten acompañar al niño con tranquilidad, sin mostrar (al menos delante de él) preocupación o angustia, ya que ésta podría llegar a aumentar la tensión en los chicos; asimismo es primordial que los niños no sean culpados, ni ridiculizados ante situaciones de miedo, siendo una opción fiable el pensar con todos los miembros de la familia diversas estrategias para abordar los diferentes temores en los más pequeños.
Algunas alternativas para los miedos relacionados con la oscuridad y el dormir solo en su cama podrían ser: dejar una luz tenue encendida, que el niño/a tenga a su alcance una linterna o velador por si a la noche se despierta o ir generando la adquisición de que sea el primero que se vaya a dormir mientras los adultos están despiertos, esto último bajará la tensión del sujeto en formación, ya que se sentirá contenido y acompañado por los adultos que se encuentran a su alrededor.
Además es importante señalar que se deben evitar manifestaciones de temores irracionales delante de los niños, ya que el miedo puede transmitirse de padres a hijos mediante el aprendizaje por observación; no olvidemos que los primeros aprendizajes de los niños serán mediante la observación e imitación de los padres o seres más cercanos al sujeto en formación.
También se puede hacer hincapié con respecto a los miedos infantiles, que es fundamental no forzar al niño a efectuar aquellas conductas que teme, procuran-do que las personas de su entorno no lancen mensajes amenazadores (si no duermes solo llamaré a….; si no te portas bien vendrá el hombre de la bolsa.); siendo imprescindible trazar un plan de forma en el que se pueda crear aproximaciones sucesivas, por ejemplo, un niño que teme a la oscuridad, no podemos pretender que lo supere inmediatamente por mucho que se lo razonemos. En este caso se debe crear una graduación de situaciones para que el niño vaya progresando como por ejemplo podemos ir reforzando con algún premio aquellas situaciones favorables que sean en post de superar esos miedos. Es imprescindible tener en cuenta que la solución a los miedos no es evitarlos sino enfrentarnos, sin embargo, en el caso de los niños, debemos hacerlo con calma y utilizando diferentes estrategias como puede ser el dibujo y/o el juego.
Del mismo modo se puede decir que no es favorable que los chicos miren contenidos donde aparecen escenas de terror, de inseguridad o se expongan a juegos electrónicos con contenidos violentos, ya que éstos no sólo generarán temor en los más pequeños, sino que también pueden dar lugar a generar los primeros signos de violencia entre pares, en pocas palabras los niños reproducen lo que ven.
Además el visionado de películas, juegos o actividades que comporten violencia, miedo o terror pueden generar situaciones de extremo temor. Cabe señalar que no se trata de aislar o sobreproteger al niño, ya que hasta cierto punto los chicos debe ir integrando las diferentes emociones y el miedo forma parte natural de nuestra vida desde el inicio. No obstante, siempre será de gran ayuda que estas emociones estén reguladas por el consejo y el acompañamiento de los padres.
Cabe señalar que cada persona es un sujeto con características únicas e irrepetibles, que lo hace ser diferente al resto, por lo tanto no hay una única intervención para el tratamiento de un niño que presenta miedos infantiles
No debemos olvidar que cuando los miedos son más severos, persistentes y alteran significativamente el funcionamiento del niño en su entorno familiar, escolar o social, podemos encontrarnos con trastornos que ya no formarían parte del ciclo evolutivo “normal” sino que deberían ser objeto de tratamiento especializado, siendo imprescindible la consulta con un profesional quien evaluará las situaciones que generaron miedo en el niño y a la vez brindará el asesoramiento adecuado a los padres.
Por ultimo, me gustaría concluir este artículo, dejándoles una frase que nos lleva a la reflexión:
“Cuando me decidí a afrontar mis miedos me di cuenta que la mayoría de mis temores fueron provocados por mi propio miedo y lo que ocasionó ese miedo fue el temor a afrontarlo”.

Daiana S. Nacim.  Psicopedagoga Terciaria. Asesoramiento y consultas al: 15-6202-3392. Inst. Saint Anne.