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Adultos en el nuevo milenio

En la sociedad en la que vivimos, en constante cambio, nos encontramos con problemáticas que eran impensadas hace 10 o 20 años. En la vorágine en la que nos vemos envueltos gracias a la globalización y al avance de la tecnología, aparecen situaciones nuevas a las que debemos adaptarnos. Y esta adaptación no siempre es fácil. Principalmente porque para adaptarnos a algo nuevo, debemos primero conocer de qué se trata, evaluar la situación y elegir nuestra posición frente al fenómeno.
En general a los que más les cuesta adaptarse es a los adultos, tanto niños como adolescentes, todavía poseen una capacidad de adaptación más flexible, descontracturada, les es más “natural” aceptar e incluir nuevas situaciones sin necesidad de crisis ni esfuerzo alguno.
El problema de los adultos es que la propia historia, los preconceptos, prejuicios, juicios de valor, hasta el llamado “sentido común”, juegan en contra de los mecanismos de adaptación.
Pensemos en la tecnología. Si para alguien es un obstáculo en algún sentido es sólo para los adultos. Porque no fue parte de sus vidas, de su formación, es algo a lo que hubo que adaptarse casi a la fuerza, arbitrariamente. La forma de ver el mundo, de aprender, de explorarlo era totalmente diferente. Para los adultos de hoy el uso de la tecnología no es vivida como parte de una evolución, sino de una revolución. No es un estadío evolutivo más en la forma de vincularse con el mundo: es una transformación de la forma de vincularse con el mundo. Internamente no es una consecuencia lógica de la formación anterior. Es desafiar todo aquello que es propio, aquello que aparece como obvio, rompe con “el curso natural de las cosas”. Y uno de los obstáculos para este desafío es la tiranía del sentido común, las cosas que las personas piensan que “son como deben ser”. En general los adultos están encantados con el sentido común porque precisamente sirve como agente regulador de las ansiedades, da seguridad y contiene. Lo que sucede con estos nuevos desafíos es que obligan a desencantarnos, a deconstruir.
Los adultos de hoy crecieron bajo el paradigma de la linealidad. La vida se presentaba casi como si se leyera un libro, lineal, con un comienzo, un desarrollo y un fin. Muchas de nuestras propias ideas fueron formadas para enfrentar problemáticas de otro siglo, no de éste. Debemos desencantarnos de algunas de ellas, deconstruirlas, para construir un nuevo modo de vincularnos con los objetos de conocimiento. Las viejas estrategias no funcionan y con esto es con lo que hay que trabajar.
El tema de la tecnología es sólo un ejemplo que nos puede ayudar a entender muchos otros: las nuevas formas familiares, la diversidad sexual, las nuevas formas de comunicación, el uso de redes sociales, entre muchos otros, son temas que, en general a los adultos, en el fondo, les cuesta adaptarse. Quizá porque no se terminan de “entender”, para eso hay que crear nuevas herramientas, correr del medio al sentido común y empezar a adaptarse teniendo en cuenta que ya casi nada es lineal en el mundo en que vivimos.
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista.
M.N. 20.662 M.P. 91.463.
Consultas al 4758-1740 o 15-6953-7703