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Influencia de las pautas de crianza en la vida adulta

Sabemos que la relación entre una madre y su hijo/a es una de las más importantes que el sujeto va a vivenciar. Y también que esos primeros vínculos con su familia van a servir de modelo para futuras relaciones. Desde este lugar es importante preguntarse si esos modelos, esas formas de relación con un otro indefectiblemente van a perdurar y afianzarse, o si pueden modificarse en el proceso de desarrollo.
En estos últimos años se realizaron muchas investigaciones acerca del sentimiento de apego básico en los seres humanos. La conclusión más importante afirma que la relación con los otros es una necesidad básica tan vital como la alimentación. Los niños deprivados afectivamente tanto en casos de abandono, aislamiento, por descuido o maltrato, no logran atravesar las etapas de su desarrollo de la manera esperable.
Entre nosotros las modalidades de crianza han cambiado mucho. Sólo hay que compararlas con las de nuestros abuelos e incluso nuestros padres y las diferencias se nos hacen evidentes.
Estas modificaciones se deben posiblemente a que la vida social en general se ha modificado profundamente y existe una relación muy cercana entre la vida social y las pautas de crianza.
Inconcientemente las expectativas que cada sociedad tiene respecto a cómo debe ser un adulto bien adaptado, influye sobre el tipo de vínculo que se genera.
Más allá de tantos cambios como los que sufren las sociedades en las que vivimos, hay algo que no se modifica y son los tipos de apego de esas primeras relaciones del niño con su familia y sus futuras consecuencias.
Se pueden diferenciar tres tipos de apego:

  • Seguro: permite abrirse al mundo, explorarlo, solucionar problemas. Genera seguridad, confianza, tolerancia, comprensión, etc.
  • Ambivalente: va a necesitar continuas muestras de afecto para sentirse seguro y cualquier conducta poco clara va a ser percibida como un rechazo, no aparece internalizada la idea de otro permanentemente disponible para cuando lo necesitemos.
  • Evitación: en general se evita la cercanía del otro, se sienten incómodos y nerviosos con la proximidad física.

A pesar de que los apegos tienden a reproducirse, algunos padres consiguen romper la continuidad intergeneracional y padres inseguros logran generar apegos seguros con sus hijos. Muchas veces con ayuda de un profesional, logran ser concientes de sus experiencias insatisfactorias infantiles y modificar sus modelos mentales y establecer vínculos mejores.
Para concluir, los tipos de vínculos o apego tempranos no tienen por qué determinar y condicionar de forma permanente el futuro, ya que vivencias posteriores pueden cambiarlo positivamente. Pero tampoco hay que subestimar la importancia que tienen esos primeros años de “aprendizaje social” en la vida adulta.   
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista.
M.N. 20662 - M.P. 91463.
Consultas al: 4758-1740 / 15-6953-7703.