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Pinceladas de un amor

La vida nos ha dotado de ese gran privilegio de ser madres, siendo el  primer eslabón de esa larga travesía que comienza a transitar el niño y su mamá, colmando, calmando esa hambruna inicial con ese único alimento rico en todas las vitaminas ‘el Amor Materno’ con sus caricias, miradas, acunándolo, cobijándolo, amparándolo, protegiéndolo, donando el alimento espiritual y afectivo, aliviándolo, sanándolo, con sus mimos y caricias, con sus palabras y sus cantos, aquéllos que provienen de la voz del alma, de esa dulce melodía de lo sencillo de ese arte tan antiguo como profundo, simple pero difícil, difícil porque es simple, como todo lo que es profundo. Me detengo en esto porque es el estadio donde hoy quiero llegar, esa fuente inicial inagotable de tanta sabiduría, la sabiduría del amor, volver a escuchar, a sentir en lo más primario, que ese ‘dar a luz’ originario se reedite en cada acto de nuestras vidas, que sea la Cuna Creadora  para iluminar iluminando a esa Mujer que acompaña a la mamá, para que humanicemos los vínculos, sensibilicemos, volvamos a la tierra madre, a constituir lazos sólidos, firmes, seguros, donde podamos aceptar la diversidad, no queriendo derribar al otro sino acompañándonos cada uno desde su función, estatuto, rol. Si  estoy haciendo mención de otro ser maravilloso, el Hombre, nuestro gran compañero en la vida ( esposo, amigo, padre, etc.) que sin esta dupla cómo sería construir la historia individual y social de cada sujeto. No somos iguales, tenemos subjetividades y atravesamientos distintos, no borremos las diferencias, ellas enriquecen, gratifican, contienen, cuidan, protegen, habilitan, son hacedoras de nuevos ciclos, escuchemos la voz de la femineidad, la voz de la maternidad, la voz del hombre, del padre, que seguramente son los distintos cantos de la vida, algunos más dulces, melodiosos, otros más ingratos, duros, más tristes pero todos transmisores de mensajes, de ellos aprendemos, crecemos, nos fortalecemos continuando la verdadera búsqueda interior, profunda e individual.
Estar alojados en la queja, en el malestar, en la angustia, en el enojo, en la ira, en el tener, nos habla de todo un sistema defensivo donde el sujeto se ve impedido, imposibilitado de ser feliz hoy, de poder desplegar su deseo más intimo. El corrimiento de ese lugar denota un crecimiento personal, habilitando otras vías de comunicación, no nos agobiemos, aprendamos a convocarnos y a convocar al otro desde otro posicionamiento distinto, esto pacifica, armoniza, tranquiliza, la presencia e intervención del otro ayuda a un gran ordenamiento y que se desplieguen otras modalidades de abordajes, no sobrecarguemos aturdiendo a la mujer-madre, etc. Y aprendamos a recibir  o enseñemos a construir ‘Mimos al Alma’.
Disfrutemos este maravilloso arte de ser mamás, volvamos a sentirnos orgullosas de nosotras, de nuestro mágico mundo femenino que tanto dona a la humanidad.
Los saluda afectuosamente.
Lic. Mariana Miguez. Psicóloga. M.N: 20.577 / M.P: 82.187.
Coordinadora del Centro A-Ser. Consultas y asesoramientos: 4758-6231 / 15-4430-1564.