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Los niños y el tema de la muerte.

La muerte es un tema difícil de asimilar y aceptar. Los adultos en general intentan no hablar del tema. Se vive tratando de dejar de lado todo aquello que no tenga que ver con la vida. A la muerte no se la nombra, salvo en ocasiones donde ella se hace presente y no se puede hacer otra cosa que abordarla. Es un concepto difícil, es un hueco en la organización psíquica, es algo que no se le encuentra explicación. Y si los adultos sufren esta problemática, es muy probable que hagan agua al tratar de hablar del tema con los niños. ¿Cómo explicar algo que no terminamos de entender? ¿Cómo tranquilizar a los niños en plena intranquilidad?
 En las clases de Biología se aprende que el ser humano nace, se desarrolla y muere, pero estos conocimientos no dan cuenta en absoluto del significado del concepto de muerte en sí mismo. No describe el sentimiento de angustia, de pérdida, ni el proceso de duelo que hay que elaborar cada vez que nos encontramos con esta vivencia. El duelo exige una reorganización de nuestra vida en pos de esa pérdida y sus consecuencias, e implica un proceso. Y ese proceso es absolutamente personal. Cada sujeto necesita sus tiempos y sus modos de transcurrirlo.
Claramente no hay una sola manera de hablar de la muerte, cada uno cuenta con su propia historia y sus propias creencias vinculadas a ella.
En este contexto aparecen preguntas de los niños o la vivencia de una pérdida cercana que obligan a los adultos a dar alguna respuesta. La muerte de un ser querido, o de una persona cercana a la familia es una vivencia que nos afecta a todos de una manera particular pero muy especialmente a los chicos. Es importante recalcar algunos puntos a tener en cuenta:
• Es importante explicar en forma clara a los niños lo sucedido, respetando su necesidad de preguntar y saber. Contestar lo que pregunten y no contestar lo que no pregunten. No ir más allá de lo que ellos deseen conocer. No es bueno decir que la persona fallecida se ha ido de viaje, ni decir que se ha dormido. Ambas afirmaciones crean en los niños la idea de que esa persona retornará de su viaje o despertará de su sueño. Se sabe además de algunos niños que temen dormirse porque han identificado el sueño con la muerte. No se debe temer al uso de palabras como "muerte" o "muerto" que, en los niños mayores, darán una idea clara de lo que ha sucedido.
• Cuando la muerte es consecuencia de una enfermedad, es importante explicarle al chico que no todas las enfermedades llevan a la muerte, y que no todas las personas se enferman de lo mismo.
• No es bueno abundar en detalles sobre cómo se produjo la muerte del ser querido, la explicación debe ser breve y clara.
• Posponer cambios importantes y dar aviso a la escuela.
• Los niños, según sus edades, entienden la muerte de diversas maneras. Por lo general los chicos no entienden el significado de la muerte hasta los tres años. Entre los tres y los cinco años suelen considerar a la muerte como un estado reversible y temporal. Después de los cinco años entienden que la muerte es un estado definitivo, pero hasta los diez años no creen que pueda pasarle a ellos. Luego de los diez años suelen entender que la muerte es un estado definitivo y que necesariamente todos llegamos a ella. Claro que esto no es matemático y muchos de los niños que ya han pasado por la triste experiencia que significa perder a un ser querido, suelen ser muy adelantados en la comprensión de este fenómeno.
• No se los debe obligar a participar del velatorio o entierro. En el caso que ellos quieran hacerlo, se les debe explicar con anterioridad lo que van a ver y escuchar en ese momento. Al permitirles participar de estos eventos les damos la posibilidad de experimentar la sensación de una despedida definitiva.
• No deben temer llorar delante de sus hijos, ellos comprenderán y los acompañarán en el dolor. Poder expresar estos sentimientos corporalmente y con palabras.
• Si los niños sienten deseos de expresar su dolor, no deben impedirlo. Quizás lo mejor es ayudarles a que lo hagan comunicándoles que ustedes también comparten esa pena. Cuando el dolor no se exterioriza puede manifestarse de maneras no concientes (pesadillas, dificultades en la escuela, etc.)
Posteriormente habrá que pensar estrategias y opciones de abordaje para cada niño según su edad, sus inquietudes y sus necesidades específicas. No existe una forma óptima de atravesar una situación así, se debería poder vivirla de la manera más natural posible, por más dolorosa que sea.
Es importante comprender que en los chicos el duelo se manifiesta de manera diferente que en los adultos. No lo expresan sólo por medio de la palabra sino a través de juegos y acciones, pudiendo aparecer hiperactividad o ansiedad.
Se recomienda consultar a un profesional cuando aparecen conductas en los niños que preocupan o angustian. Cuando las manifestaciones “normales” de un duelo exceden el tiempo esperable. Por ejemplo: Si aparecen regresiones, temores, problemas en la escuela, con los compañeros, dificultades con el sueño, la alimentación o el control de esfínteres.
Al igual que frente a cualquier otra temática, la elaboración que tengan los adultos de la muerte, va a favorecer u obstaculizar la futura relación de los niños con la misma. No hay que temer pedir ayuda  para lograr alivianar este camino hacia la aceptación de la finitud como parte de la vida.
Lic. Carina M. Sivori. Psicoanalista. MN 20662 / MP91463
Consultas y asesoramiento al: 4758-1740 / 15-6953-7703