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Adolescentes desmotivados.
Es una realidad la falta de motivación que muestran los adolescentes principalmente en relación a la escuela. Docentes y padres se encuentran con una problemática aparentemente difícil de resolver.
Algunas teorías explican el fenómeno afirmando que es el contexto familiar y social el que influye negativamente; la falta de valoración por la adquisición de conocimientos, la subestimación de la escuela como institución, la modificación de un modelo docente valorado y respetado en otras épocas.
Otras teorías afirman que los avances tecnológicos, los estímulos constantes, el mundo virtual, la modificación del modo de vida adolescente, creó un desfasaje abrupto con el modelo educativo de la tiza y el pizarrón.
Estas son sólo miradas parciales del problema porque si atribuímos la responsabilidad de la falta de motivación en los adolescentes sólo a factores externos o a las actitudes personales con las que concurren a la escuela, no queda posibilidad alguna de que el docente modifique la situación, lo cual lo desmotiva y lo hace ingresar en un círculo difícil de quebrar.  
La motivación tiene un papel fundamental en todos los ámbitos de la vida, pues actúa como un verdadero motor para que el adolescente realice cualquier actividad. El gran problema motivacional es su variabilidad. Lo que motiva a una persona, puede no motivar a otra y viceversa. Ésta es la dificultad que encontramos cuando trabajamos con un grupo: ¿cómo lograr motivar a todos con las mismas estrategias? La tarea es complicada por su carácter individual, pero se puede lograr regular la motivación y lograr un vínculo que le dé estabilidad a las actividades.
Los individuos, ante cualquier situación con la que se enfrentan, realizan una serie de asociaciones cognitivas, que dependen de varios factores (individuales, sociales, culturales o ambientales), que hacen que una situación se perciba como positiva o negativa (cuando es conocida), o neutra (cuando es nueva). Aquellas situaciones en las que tienen más importancia las características positivas, van a ser más motivantes para el individuo, aquéllas donde tengan más importancia los aspectos negativos resultarán menos motivantes. Se podría decir que las situaciones en sí son neutras, lo que las dispone motivantes es el vínculo que el individuo forja con ellas.
¿Cómo lograr que el vínculo del adolescente con la escuela sea motivante?
En principio, tener en cuenta que la familia es el principal modelo de valores y conductas que ayudarán al proceso afectivo y cognitivo del adolescente. Los padres que muestran curiosidad e interés por todo lo relacionado con la escolaridad: tareas, contenidos, amistades, organización, etc. sin quererlo transmiten estas actitudes de manera natural.  
En el ámbito de la escuela, el docente no se debe limitar a transmitir conocimientos, sino que debe prestar especial atención a “cómo lo hace”. Crear estrategias para despertar interés y hacer más atractivas sus clases. Algunas posibilidades son: comenzar las clases con preguntas o enigmas que despierten el interés de los alumnos; fomentar los vínculos positivos dedicándole tiempo exclusivo para tocar temas curriculares o personales; tratar de vincular los objetivos de las unidades conceptuales con los objetivos de los alumnos; hablar del mundo real, tratar aspectos de interés cotidiano; activar la participación de los adolescentes a través de sus opiniones y de sus pensamientos.
En cualquier ámbito, el trabajo con el adolescente se convierte en un trabajo arduo. Sus propias características lo definen como cambiante, desafiante y transgresor. Tanto para los padres, docentes, psicoanalistas, etc. es un desafío constante pero no menos interesante. ¿Es posible motivar al adolescente desmotivado? Sí, pero sólo teniendo en cuenta que no tenemos la verdad absoluta, sino que la vamos descubriendo junto a ellos, como un proceso.

Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista.
M.N. 20662 M.P. 91463. Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.