VOLVER A INDICE / NOTAS

El deseo puesto en movimiento. La inquietud saludable.

Los adultos especialmente los que somos padres o docentes, nos asustamos frente a ese mundo infantil que se mueve todo el tiempo. El movimiento de los niños/as o mejor dicho los niños/as en movimiento nos generan atención y tensión.
¿Por qué será? ¿Por qué nos tensiona ver esas situaciones?
El acto de moverse y cuando digo acto me refiero a que el movimiento no es algo separado del niño/a, el moverse es una manifestación conductual tan importante como cualquier otra del ser humano (lenguaje-pensamiento-etc.).
Como un niño/a aprende y comienza a decir palabras, también aprende y comienza a moverse.
De hecho el ser humano al nacer lo primero que posee como medio de comunicación es su cuerpo y sus movimientos, más precisamente todo se traduce a partir de su “tono muscular”. El tono muscular es el telón de fondo de todas las emociones del bebé, es el espacio que el adulto mira, toca, acaricia y pone palabras, espacio de tensión y distensión, cuerpo de sensaciones que deja entrever lo que le pasa al bebé.
La tensión o distensión en la motricidad de un bebé o de un niño/a genera diversos modos de poner y acomodar el cuerpo, aparecen posturas y movimientos que responden a sensaciones que registra internamente. Estas sensaciones tienen una influencia del medio externo relacionado a cómo los adultos se vinculan corporalmente con ellos.
La relación del niño/a con su entorno juega un papel fundamental para que el niño/a incorpore esquemas y formas de movimiento.
¿Qué movimientos incorpora?
Extender y flexionar sus brazos y piernas, sostener su cabeza para mirar, poder sentarse, la posibilidad de gatear o no, tomar objetos con sus manos, reptar, rodar, ponerse de pie, hacer equilibrio, caminar, saltar, correr y otros que le van otorgando diversas posibilidades para registrar todas sus posibilidades corporales.
Cuando los niño/as expresan sus posibilidades al moverse dentro de un juego con sus amigos, en un cumpleaños, en el recreo del colegio, en la vereda, haciendo algún deporte, hamacándose, cambiando la postura constantemente cuando escribe en el aula, moviéndose en el auto cuando nos desplazamos, saltando los charcos de agua, caminando sin parar, etc., se encuentran “Sanos”.
Todas estas acciones denotan buena salud. Estamos equivocados si pensamos lo contrario. El problema lo tiene el adulto que muchas veces no resiste tanto movimiento ajeno y ejerce enseguida un modo represivo y controlador.
Es necesario pensar esta temática ya que lamentablemente vivimos en una sociedad donde cada vez más se reprime al niño/a que se está moviendo.
El “quedate quieto” abunda como límite en forma constante y opera en el cuerpo del niño como un inhibidor que en muchos casos puede  ser perjudicial según la edad  y momento madurativo del niño/a.
Permitir que los niños/as se muevan en forma genuina  y espontánea  es altamente positivo, y sano. 
Cortarle la libertad de moverse a los niños/as es una idea del mundo adulto y está equivocada.
Moverse no tiene la única función de “descargar” como muchos adultos entienden, el acto de moverse implica poner en acción una serie de mecanismos y esquemas  psíquicos, motrices, biológicos, sociales, antropológicos y sociológicos fundamentales en el desarrollo, maduración y crecimiento de nuestros niños/as.
A seguir pensando….
Claudio Leiva   Psicomotricista especializado en Salud y Educación.