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Hablemos del mutismo selectivo
 
La comunicación verbal es una de las formas más efectivas para relacionarnos con los otros, hacernos entender, crear y mantener vínculos. La adquisición del habla en los niños es una de las adquisiciones más importantes en su evolución, permitiendo que complejice cada vez más su estructura cognitiva y continúe explorando el mundo que lo rodea con una nueva y maravillosa herramienta. Obviamente, cualquier alteración en el habla no pasa desapercibida, es notoria y llama la atención de cualquier persona que se encuentre alrededor del niño. Este no es un dato menor, ya veremos por qué.
Básicamente el mutismo selectivo es una incapacidad de comunicarse verbalmente en determinadas circunstancias y contextos. Esto significa que el niño sabe hablar, conoce la lengua, pero adquiere mutismo en determinados ámbitos. Parecen casos de extrema timidez, pero la duración e intensidad los distingue. Son casos de niños que en la casa hablan normalmente pero están mudos en la escuela, o donde haya desconocidos, etc.
No es catalogado como un trastorno de la comunicación, como se vería en el autismo o síndrome de Asperberg. En estos trastornos el niño no habla independientemente del contexto.
Este trastorno generalmente de origen emocional aparece muchas veces en la edad preescolar y puede extenderse durante años si no es diagnosticado, evaluado y tratado a tiempo. Muchos investigadores creen que, de no tener el tratamiento adecuado, puede ser la puerta de entrada a la adulta “fobia social”. ¿Por qué? Porque generalmente el mutismo selectivo está asociado a situaciones de ansiedad, exponerse en público, ser observado, evaluado, conocer gente nueva, etc. En los tiempos que corren donde la vida moderna desencadena diversos trastornos de ansiedad, los niños no son ajenos. Existe un incremento de los casos de mutismo selectivo en los últimos tiempos que hizo que deje de ser un trastorno “raro”.
Cabe aclarar que aunque se denomine mutismo “selectivo”, esto no significa que
el niño “elija” dónde hablar y dónde no. No es una cuestión de voluntad, no es un
capricho. Por eso es muy importante el diagnóstico diferencial. En principio hay que hacer una exhaustiva anamnesis, o sea una detallada investigación de su historia vital llegando a datos inclusive de antes del nacimiento. Principalmente deteniéndonos en las particularidades de las diferentes adquisiciones por las que el niño fue avanzando: cuándo y cómo abandonó el pecho materno, controló esfínteres, empezó a caminar, etc. Todos estos datos nos ayudarán a acercarnos al origen del trastorno, el cual puede ser una consecuencia de una timidez extrema o de alguna situación traumática o estresante que el niño no pudo elaborar por los canales normales. Cuando los niños son pequeños, muchas veces no poseen todavía las estrategias para defenderse de situaciones que para los adultos quizás sean más fáciles de resolver. El nacimiento de un hermanito, la
muerte de un ser querido, una mudanza, un robo, o incluso la fantasía de que algo de esto ocurra, puede generar ansiedad y tener consecuencias para la vida del niño. Sea como fuere, el mutismo selectivo puede resultar conflictivo en el rendimiento escolar, la comunicación familiar y social.
Retomando el principio, no es casual que el ámbito del trastorno sea el habla,
herramienta fundamental del adulto para la comunicación. A veces un exceso de
protección familiar, o la búsqueda de sistemas alternativos no verbales para que la comunicación se produzca a pesar de todo, ayudan a que se consolide el trastorno. De la misma manera una excesiva atención al mutismo, que la familia esté pendiente sólo de si el niño habla o no habla, produce una atención “extra” que quizá sea lo que el niño inconcientemente busca, lo que puede reforzar la conducta.
En conclusión, el mutismo selectivo sería el producto de la influencia de diferentes factores empezando por una inseguridad de tipo ansiógeno frente a situaciones sociales estresantes, pero también de elementos afectivos, conductuales y familiares que podrían prolongar en el tiempo el trastorno. Todo ello hace necesario un exhaustivo estudio previo de todas estas variables para intentar decodificar el origen y mantenimiento del trastorno.
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista.
M.N. 20.662 - M.P. 91.463
Consultas al 4758-1740 / 15-6953-7703.