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TIEMPO LIBRE

¿Qué significa tener “Tiempo Libre”? Para algunos está asociado al ocio; para otros, a la disponibilidad de hacer lo que se quiere. Para muchos, existiría una relación al hacer, ligada a no perder el tiempo. ¿Es posible perderlo? ¿Debería ser ocupado, llenado, ese espacio entre horas que no está determinado por una obligación u objetivo?
Cuando se acerca el receso escolar los padres empezamos a completar la agenda de los chicos con salidas y recorridos atractivos, cuyos productores agradecerán si de pequeños consumidores se trata.
En artículos anteriores hemos investigado sobre el juego, la elección de juguetes; ahora es momento de advertirnos: el tiempo no será libre si la pretensión de ocuparlo conlleva el fin del entretenimiento, pues la posición de quien define cómo transcurrirlo, no será la misma a partir de más o menos planes, sino por el contrario, habilitar el empleo del tiempo en jugar, descansar, aburrirse incluso, crear, construir, implicará ya una ocupación, como posibilidad de HACER.
Pasan los años y en las escuelas seguimos preguntando al regreso de las vacaciones adónde fueron nuestros niños a pasear, invitando a contabilizar idas al cine, al zoológico…Durante 2013 y 2014 tuvimos la oportunidad de consultar alrededor de 80 chicos de entre 6 y 8 años, cuántos de ellos habían ido a una plaza; sólo 5 respondieron afirmativamente. ¿Qué concepción del tiempo es esta, en la que jugar libremente, ha adquirido tan mala prensa como para no representar un buen plan?
Todo niño que hace, mientras hace y resuelve, está pensando; y al revés, cuando es mero espectador o consumidor de imágenes o movimientos, sólo se ve pasivo y se distancia de ese pensar creador, que tiene origen en conductas motrices y recrea a la vez, toda producción simbólica enlazada a las funciones mentales superiores. Por lo que tiempo libre no es tiempo perdido; permitir una serie de acciones voluntarias y ocuparse en descansar, divertirse, jugar, proporciona condiciones fundamentales para un desarrollo saludable, a la vez que indica un aspecto de la  calidad de vida necesaria para prevenir enfermedades relacionadas con el sedentarismo y el sobre estímulo sensorial.
No todos elegimos y valoramos del mismo modo qué hacer durante el tiempo libre, por lo que si no lleva impreso un sentido propio, puede terminar en desinterés o siendo una obligación, similar a las actividades pautadas el resto del año. Para algún chico leer será un buen plan, mientras que para otro puede serlo el contacto con la naturaleza…
En la antigüedad el tiempo libre era empleado para reflexionar sobre la vida, la ciencia y la política. En cambio en la Edad Media, la moral cristiana no promovía nada que no fuera productivo. Pero desde finales del S XIX y hasta la actualidad, se diversifican y clasifican las acciones en función de su satisfacción y el rendimiento que pueden prometer: lo lúdico, lo deportivo, lo cultural, son agrupaciones que responden a ciertos objetivos y, en tanto determinadas, nos dejan abandonados al riesgo de la obligación, la responsabilidad y el compromiso, como aquellas que no podemos eludir, como es para los adultos, el trabajo. Por lo tanto los chicos terminan encerrados en la rutina del tener que hacer para no desaprovechar el tiempo, o lo que es peor, a la espera de que se les proponga qué hacer o simplemente, hagan por ellos.
Ante este tiempo frío y ocioso para ellos, respecto de las obligaciones educativas, la mejor propuesta es descansar, jugar, leer, dibujar y fundamentalmente, aprender a valorar la libertad y la ganancia que puede ofrecernos esta dimensión infinita de horas que pasan sin tener nada que hacer, sujeta a variadas y enriquecedoras posibilidades de elegir qué podemos y queremos hacer.
Lic. María Cecilia Dubois. Psicóloga. M.N: 58523.
Consultas y asesoramiento al: 15-5622-7591.