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Padres y comportamientos adictivos

Es un hecho que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Es difícil pensar que un sujeto pueda hacer algo que perjudique a su hijo adrede, salvo en graves patologías que no vamos a tener en cuenta en estas líneas. El común de los padres toma decisiones pensando en el bien y en la buena educación de sus hijos.
Pero a veces aparecen en las familias ciertos fenómenos, como las adicciones, que, en el mejor de los casos, hacen preguntas y logran hacer tambalear esa aparente seguridad que los padres tienen acerca de la educación de sus hijos. Y digo “en el mejor de los casos” porque muchas veces se niega el problema hasta que la realidad se impone y es imposible mirar hacia otro lado.
El descubrimiento de un comportamiento adictivo en un hijo muchas veces es difícil de tolerar porque parece des-cubrir una falla, “algo mal hicimos”. Irrumpe algo que no estaba en los planes. Algo no proyectado desde que ese hijo era un niño pequeño.
Y parece que el mundo se viene abajo, pero no nos tenemos que olvidar que ese mundo en el que vivimos ha cambiado mucho y en general se ha vuelto adictivo. Todo es consumo. De hecho nos encontramos con nuevos comportamientos adictivos como a la tecnología, a “estar conectados”. La situación ha cambiado también en el vínculo entre padres e hijos. Gracias al conocimiento casi masivo del Psicoanálisis, los padres conocen la importancia de los primeros años de vida. Teniendo en cuenta la muchas veces rígida educación que ellos mismos recibieron de chicos, los términos medios son difíciles de encontrar y se llega a crear un opuesto: aparecen padres excesivamente permisivos que confunden amor con dejar hacer lo que quieran y evitan constantemente la frustración de sus hijos, tratando que todo lo que vivan sea placentero. Y eso no le va a servir para enfrentarse a la realidad futura y probablemente optará por evadirse. También aquel niño que sólo reciba frustraciones podrá ser una persona frustrada que también evadirá su realidad.
Los límites apropiados para cada edad sirven para protegerlos. El amor y la frustración hacen crecer a un individuo.
Hay al menos tres motivos por los que a los padres de hoy les cuesta poner límites: por miedo al rechazo de sus hijos, por miedo a parecer anticuados y porque es más fácil decir a todo que sí.
Cada familia tiene sus valores y es importante que los hijos los sepan. Hay que explicitarlos. Reconocer que las acciones de los padres afectan al desarrollo de los valores de sus hijos, es decir, los chicos copian el comportamiento de sus padres. Si los padres están las 24 hs conectados es probable que los hijos adquieran comportamientos dependientes con la tecnología. Tener en cuenta el propio uso del tabaco, del alcohol, de los medicamentos recetados y de las drogas de venta libre. Considere la forma en que sus actos y sus actitudes pueden estar influyendo las decisiones de sus hijos.
Cuidar que sus actos coincidan con sus palabras y reconocer cuando se equivoca.
Si se pone un límite ser específico: aclarar cuáles son las normas, qué comportamiento se espera y cuáles son las consecuencias si no es respetado. Y, lo más difícil: ser firme y respetar el adulto mismo las normas propuestas. Recuerde que los castigos tienen el propósito de servir como aprendizaje. Siempre un límite debe tener un por qué, que debe ser explicado a su hijo y este por qué debe remitir a su propio bienestar.
Recuerde que uno de los trabajos más importantes de los padres es construir la autonomía de sus hijos.
Obviamente no existen vacunas contra la droga ni soluciones mágicas, pero los valores y normas familiares opuestos al uso de drogas, en conjunto con un vínculo positivo entre padres e hijos y una comunicación abierta, ayudarán el desarrollo saludable y reducirán las posibilidades de que los jóvenes recurran a las drogas.
Es fundamental estar atentos a las señales y pedir ayuda a un profesional si hay alguna actitud o comportamiento que llaman la atención o que son nuevos y desconocidos. A veces con algunos pocos cambios en la dinámica vincular familiar se previene alguna posible problemática futura.
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20.662 M.P. 91.463
Consultas al 4758-1740 o 15-6512-3828