VOLVER A INDICE / NOTAS

Juegos Siglo XXI
Existe mucha preocupación, en estos tiempos que vivimos, por la cantidad de tiempo que los chicos pasan frente a la computadora o a los video juegos. La realidad en la que estamos inmersos no permite que nuestros hijos salgan a jugar a la vereda, o se manejen solos fuera de casa como en otras épocas. Esta circunstancia, acompañada con los avances tecnológicos, desemboca en actividades mucho más solitarias y sedentarias.
El deseo de jugar es algo estructural y necesario para los chicos de cualquier edad. El juego los ayuda a conocer, explorar y adaptarse al mundo que los rodea, lo que es difícil es definir al juego en sí mismo. ¿Podemos decir que estar sentado frente a la computadora es jugar, de la misma manera que lo decimos cuando vemos un juego de mesa o jugar a la maestra? Probablemente sí, aunque las particularidades del juego y las habilidades que ayude a desarrollar sean completamente diferentes. Una de las principales características que inevitablemente definen el juego es la producción de placer. El juego le produce placer al niño, sin tener en cuenta los resultados. ¿Qué quiere decir esto? Que no hace falta ganar para que sea placentero, el mismo proceso lúdico da placer. Y esto es lo que el niño busca constantemente y en esta búsqueda aprende, conoce, explora, reconoce e introyecta el mundo que lo rodea.
Por otro lado, el juego es una manera de elaborar conflictos. ¿Qué significa esto? Los adultos tenemos una herramienta fundamental que es la palabra. Mediante ella, nos podemos expresar, podemos intentar entender qué es lo que nos está pasando, comunicarlo a otros, etc. Por otro lado tenemos un desarrollo psíquico y cognoscitivo que nos ayuda a entender o al menos intentar, introspectivamente. Los niños tienen sólo dos herramientas para este fin. El dibujo y el juego. Mediante estas actividades puede expresar miedos, ansiedades, preocupaciones, etc. Es común, luego de una situación traumática, que el niño reproduzca esta situación una y otra vez. Los adultos no pueden entenderlo y a veces los presionan para que dejen de hacerlo. Hay que comprender que es su forma de elaborar lo sucedido. Por ejemplo, un niño que tuvo que atravesar un suceso violento como puede ser un robo, luego juega a ser ladrón, o a ser víctima nuevamente. En realidad está intentando elaborarlo, protagonizar activamente lo que le tocó sufrir pasivamente. Y estos conflictos que intenta desatar no tienen por qué ser tan terribles, el nacimiento de un hermanito, el miedo que le dio ver alguna imagen en la televisión, etc., será procesado por el mismo medio.
Obviamente cuanto más estructurados y específicos sean los juegos, menos posibilidades de elaborar y menos posibilidades de desarrollar la creatividad. Muchas veces sucede que a los chicos en el cumpleaños les regalan juguetes y juegos super sofisticados y terminan jugando con la caja o el envoltorio.  Porque esto les permite jugar a muchas más cosas que el juguete en sí. Y aquí volvemos al tema de los juegos tecnológicos. En este aspecto, no les permite desarrollar mucha creatividad. En cuanto a la tramitación de conflictos, todo va a depender del contenido de estos juegos. Y aquí llegamos a uno de los aspectos más importante de esta temática. Los adultos son los que tienen que controlar el contenido de los juegos y evaluar si son aptos para sus hijos según las diferentes edades. Muchas veces se obvia esta parte y se expone a los niños a contenidos violentos, muy difíciles de elaborar para ellos. Esto es lo más nocivo, más allá de la cantidad de tiempo que cada familia tiene que estipular para su uso.
Para terminar, cabe la reflexión siguiente: si un niño acostumbrado, por vivir en una ciudad como la nuestra, a jugar en soledad, acompañado por una consola, tiene la posibilidad de irse de vacaciones a un lugar donde pueda jugar al aire libre, donde tenga elementos para desarrollar su creatividad, es muy probable que ni se acuerde (quizá después de un par de días de adaptación) ni añore la tecnología. Entonces, produzcamos estos espacios en la medida en que podamos, una tarde de plaza, un día en el campo, una exploración en algún parque, puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los chicos. Y de los grandes también.
Lic. Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20662 - M.P. 91463.
Consultas al 4758-1740/1569537703