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Déficit de atención e hiperactividad

Con el paso del tiempo y las investigaciones científicas, nos encontramos con nuevos términos que describen fenómenos o situaciones muchas veces conocidas o familiares. En estos últimos años en lo cotidiano, madres, maestras, abuelas, profesionales de la salud se acercaron al término de hiperactividad o déficit de atención. Si escuchamos a algunas abuelas o a algunas docentes de muchos años de experiencia, muchas veces aparece la queja de este etiquetamiento casi masivo de niños hiperactivos cuando históricamente siempre hubo niños a los que les costó prestar atención o que nunca se quedaban quietos. Quizá en ciertos casos tengan algo de razón, pero la reflexión que se propone en estas palabras tiende a aclarar características específicas de este fenómeno y alejarnos una vez más de la subestimación y descalificación de un “nombre nuevo” a un fenómeno conocido. Gracias a ese “nombre nuevo” se ha podido diagnosticar, tratar y ayudar a muchos niños con un sinfín de problemáticas que repercutían en su vida escolar, familiar y emocional.
Es un trastorno que en general tiñe la vida del niño y de la familia, apareciendo en su mayoría junto al comienzo de la escolarización, donde el niño debe adaptarse a nuevas reglas que suponen momentos cada vez más extensos de atención, concentración y sedentarismo. Se trata de un trastorno que dificulta la concentración y atención en las tareas más cotidianas ocasionando en los niños una gran dificultad para permanecer quietos en un lugar, atender a sus clases o involucrarse en actividades que requieran estar quieto. Como en toda problemática mirada desde la Psicología, cada caso es único y dependerá de variables muy diferentes, lo que se describa de aquí en adelante serán características generales.
La mayoría de los niños con este trastorno suelen ser sumamente inteligentes y creativos, sin otras disfunciones adicionales y deben ser evaluados dependiendo de las distintas edades. Todo niño a cierta edad puede manifestar ciertos comportamientos de agitación o necesidad de movimiento que por medio de la intervención adulta, tanto en la escuela como en la casa, aprenden a manejar, adaptándose a lo necesario en cada ámbito. Lo importante es detectar cuando esta adaptación no se da en los tiempos esperados. La mayoría de las veces el déficit de atención se asocia a problemas de aprendizaje o de socialización.
Para poder detectar esta problemática hay que tener en cuenta que hay 3 subtipos de DA/TDA ó TDAH de acuerdo a las características principales asociadas: falta de atención, impulsividad e hiperactividad. Los tres subtipos son:
Tipo Combinado: síntomas múltiples de falta de atención, impulsividad e hiperactividad.
Tipo con predominio de falta de atención: Múltiples síntomas de falta de atención con poca, si hay, hiperactividad-impulsividad
Tipo con predominio hiperactivo-impulsivo: síntomas múltiples de hiperactividad-impulsividad con poca, si hay, falta de atención.
Estos subtipos se refieren a que algunos niños con DA/TDA ó TDAH tienen poco o ningún problema en estarse quietos en una silla o en comportamientos de inhibición, pero pueden tener problemas de falta de atención y como resultado de ello grandes dificultades en concentrarse en una tarea o actividad determinada. Otros niños pueden no tener problema alguno en prestar la debida atención, pero pierden concentración debido a una hiperactividad-impulsividad predominante y, por lo tanto, no pueden controlar su impulso y actividad. El más frecuente suele ser el Tipo Combinado. Esos niños tendrán síntomas significativos de las tres características. Como queda claro, las variables que aparecen pueden ser muchas, insisto con la importancia de des-etiquetar a los niños con estas dificultades y valorar lo diferente de cada caso. Tanto el diagnóstico como el tratamiento responderán a estas características diferenciales y se planteará de forma integral, con el niño, la familia y la escuela.
A los padres que se encuentran con un niño con alguna de estas características de Déficit de Atención o Hiperactividad hay ciertos consejos que pueden ayudarlos:
Confíe en su hijo. Realce las características y valores positivos y permítale la oportunidad de cambiar, refuerce las posibilidades que tiene de aprender y madurar con el tiempo, asegúrele que tiene todo el esfuerzo positivo a su alcance.
Sea positivo. Es la mejor ayuda que puede dar a su hijo
Intente ubicarse siempre en perspectiva. La conducta del niño es el resultado del trastorno, no lo hace a propósito.
Establezca horarios y siga una rutina. Use relojes y calendarios y póngase de acuerdo con el niño en lo posible. Facilítele su cumplimiento siendo flexible en sus exigencias, así como un lugar específico y silencioso en el que se pueda sentirse a gusto para realizar sus tareas.
Esté dispuesto a hacer algunas concesiones y permita alguna tarea inconclusa.
Uno de los síntomas de un niño con este trastorno es también la irregularidad en sus comidas y la cantidad ingerida. Ello incide en gran manera en su salud física y emocional. Es importante pues, además de darle ejemplo, que coma alimentos saludables con una regularidad no más distanciada de tres horas entre una y otra, limitando los alimentos demasiado dulces o que contengan grasas en exceso.
Fije normas y expectativas sencillas y claras explicándole lo que sucederá si éstas se cumplen o, por el contrario, se rompen. Una sonrisa, un comentario positivo incluso en los logros más pequeños pueden ayudar a mejorar su atención, concentración y el control del impulso.
El ejercicio físico puede ayudar a su hijo a liberar energías y facilitarle el descanso lo que, además, reducirá los síntomas. Siempre habrá un deporte que interese ya sea individual o de equipo.
Estimule a su hijo a hacer amigos. Es común que el trastorno origine conflictos con los demás lo que, redunda en que los demás niños rechacen o distancien su compañía al ser muy “intensos” y avasalladores.
Básicamente estos consejos tienen como denominador común que el niño sepa que los adultos que lo rodean se preocupan y ocupan de él y su problemática. No hay consejo más maravilloso, para ésta o cualquier problemática, que hablar y escuchar a los niños. Que no se sientan aislados y solos con lo que les pasa. El afecto, la escucha, la intención de ayudar, la palabra en juego en todo momento, va a ser la diferencia en la forma en que se transite cualquier dificultad.
Lic Carina M. Sívori. Psicoanalista. M.N. 20.662 M.P. 91.463
Consultas al 4758-1740 o 1569537703