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¿PSIQUIATRA, PSICÓLOGO O PSICOANALISTA?

Cuando un sujeto llega a una consulta, en general, es después de haber superado varios obstáculos. En principio, aceptar que algo le produce malestar, sufrimiento, angustia, tristeza o preocupación de manera insistente y que solo no lo puede aliviar. Luego, a veces, superar ciertos prejuicios propios o ajenos vinculados con el amplio mundo de lo psicológico. Todavía existen resabios de antiguos pensamientos que presuponen que un tratamiento psicoanalítico, psicológico o psiquiátrico implica una enfermedad mental o “que están locos”. La cuestión aquí sería reconocer el propio padecimiento y no resignarse a su compañía. Por eso es necesario distinguir la función y el objetivo de cada tratamiento para definir cuál es el adecuado para cada problemática.
# El psiquiatra es un médico y, excepto que haya adquirido otra formación, psicoanalítica o psicoterapéutica, que no se imparte en su carrera, tenderá a ver el malestar psíquico como cualquier otro de los trastornos de los que se ocupa la medicina: un conjunto de síntomas de causa presumiblemente orgánica que requieren un diagnóstico y una medicación.
El psiquiatra, armado con su saber médico, indaga en los síntomas que expone el paciente, realiza ciertas preguntas protocolizadas para profundizar en su indagación, compara los resultados obtenidos con los síndromes descriptos en los manuales, y establece su juicio: se trata de un TOC, un TDAH, etc., y, en virtud del diagnóstico así establecido y su propia experiencia, indica la medicación que cree más adecuada.
En muchas ocasiones la medicación prescripta (o las correcciones sucesivas que se realizan) atenúan los síntomas. En muchas ocasiones, pero no en todas.
El tratamiento psiquiátrico es necesario para algunos pacientes, pero siempre es aconsejable ser acompañado por un seguimiento psicológico o psicoanalítico. El síntoma puede ceder con la medicación pero si no se resuelve el origen del malestar, es probable que insista, quizá con otra forma, disfrazado de otra cosa.
•El psicólogo sólo indica que el profesional en cuestión sea poseedor del  título de Licenciado en Psicología que otorgan las universidades, pero nada nos dice sobre las corrientes, escuelas, concepciones psicológicas y orientaciones psicoterapéuticas que ese profesional ha elegido, y que son muy numerosas.
Puede  su orientación ser conductista, cognoscitivista, gestáltica, etc., dado que éstas son las corrientes dominantes en nuestras facultades, con exclusión de casi toda otra alternativa.
Si el psicólogo que el azar le ha deparado es de orientación predominantemente conductista (o comportamentalista, según una denominación más reciente) intentará, con los recursos que le son propios, modificar las conductas o comportamientos que considera perjudiciales mediante el reforzamiento positivo o negativo de los estímulos y otras técnicas afines.
Si el psicólogo es predominantemente cognitivo o cognoscitivista, intentará corregir los conocimientos erróneos del paciente, remplazarlos por otros más adecuados y reestablecer canales eficaces de comunicación. Y aplicará una terapia adecuada al diagnóstico, con un protocolo, frecuencia y duración predeterminados. El psicólogo no prescribe fármacos (no está capacitado para hacerlo), prescribe cogniciones y conductas.
•El psicoanalista debe tener un título habilitante de Licenciado en Psicología pero supone una especialización en teoría y método que lo habilita para intervenir psicoanalíticamente.
Para plantear detalles del quehacer psicoanalítico hay que comenzar por desechar algunos prejuicios:
 – Muchas veces el psicoanálisis es considerado una disciplina antigua, es decir, pasada de moda. En un mundo globalizado donde se producen y consumen nuevas psicoterapias a excesiva velocidad, muchas de ellas de efímera existencia, esta relativa antigüedad implica que si ha sobrevivido es porque se han encontrado beneficios en el psicoanálisis a lo largo del tiempo, resultados clínicos irrefutables, por lo que podríamos considerar esta extensa trayectoria más como una virtud que como un defecto.
 – Suele confundirse al psicoanálisis con sus características externas, estereotipadas y ampliamente difundidas por el cine y la literatura: el diván, el analista silencioso, la larga duración del tratamiento. Pero el psicoanálisis puede prescindir tanto del diván como del silencio, y su duración sólo es necesariamente larga en algunos casos, especialmente en aquellas personas que aspiran a ser psicoanalistas.
 ¿Cuál es la diferencia entre el psicoanálisis y  las otras psicoterapias?
El psicoanálisis, desde su fundación por Freud, pretende barrer con las rígidas fronteras entre salud y enfermedad. Para él nadie es absolutamente sano ni totalmente enfermo, de lo que se desprenden algunas consecuencias:
a) Para llegar a ser psicoanalista hay que practicar previamente el psicoanálisis en condición de analizante (es decir: paciente), exigencia que no existe en ninguna otra alternativa terapéutica.
b) La relación no se establece entre un terapeuta sano y un paciente enfermo, sino entre dos sujetos, uno de los cuales se haya en posesión de un saber del que puede beneficiarse el otro.
c) El método utilizado se funda en dos reglas básicas:
- El paciente se compromete a decir todo lo que le aparezca en su conciencia
- El analista a escuchar atentamente el decir del paciente, incluyendo narraciones de sueños y ocurrencias aparentemente absurdas, y devolverle sus palabras bajo una nueva perspectiva.
Esto no quiere decir que el psicoanalista no realice diagnósticos, sino que su tratamiento se fundamentará en interrogar al paciente sobre las causas de su propio sufrimiento, no sobre un diagnóstico ni sobre un protocolo.
Por todo esto, el psicoanálisis exige, por un lado, un mayor compromiso e implicación por parte del paciente y, por otro, algo que lo aleja de cualquier otra alternativa psicoterapéutica: el objetivo no se somete a un protocolo y su finalidad depende de lo que el analizante quiera cambiar en sí mismo y en su vida, por lo que la duración del tratamiento depende también de su deseo. Más allá de los cambios y de los aprendizajes que supone esta experiencia, tiene como consecuencia también un conocimiento más profundo de la propia personalidad y de la implicación subjetiva en  cada suceso de la vida.
Lic Carina M. Sívori – Psicoanalista. M.N. 20.662 - M.P. 91.463. Consultas al: 4758-1740 ó 1565123828