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No todo

En nombre del amor observamos madres que se encuentran “hipnotizadas” por sus hijos, que construyen una burbuja donde no sólo queda ignorado el padre sino también el deseo de esa madre como mujer. Pareciera que no existe en la vida de esa madre otra cosa que no sea atender y satisfacer a su hijo y es así como escuchamos señoras que se encuentran muy irritadas por no tener tiempo “ni siquiera para poder ducharse tranquilas…”
Pareciera que asocian el amor al bien y al sacrificio, cuantas veces hemos escuchado la frase: lo hice por amor, lo hago por tu bien, etc. Amor y bien juntos por el mejor de los propósitos. Si además agregamos el sacrificio de la vida tenemos la fórmula completa: sacrifico mi vida por el amor que te tengo y porque deseo tu bien. En este aspecto la película “El cisne negro” (filme de hace varios años atrás) es magistral para revelarnos la cara oscura del amor asociado al bien. El amor de una madre hacia su hija que lo sacrifica todo por su bien y cuyo resultado es lo peor para el sujeto de ese amor.
La protagonista de la historia vive sometida al deseo de la madre, bailarina frustrada que había dejado el ballet para tenerla a ella. La madre no tiene otro interés en la vida sino su dedicación a su hija. La suerte de la protagonista nos muestra lo que ocurre en la vida de un niño cuando es colocado como lo que da sentido y llena la vida de una madre sin que nada se interponga entre ellos. Es un destino terrible porque el niño corre peligro de quedar petrificado como un objeto.
Es cierto que los niños necesitan, sobre todo en los primeros años, una madre lo suficientemente buena (expresión creada por el psicoanalista británico Donald Winnicott) que ofrezca sostén, caricias, presencia y amor, pero esto no implica obturar los deseos de los hijos ni tampoco los propios.
Que haya deseo en una mujer para tener un hijo es una cuestión vital para el recién nacido y es a partir de ese deseo que se produce un lugar para que ese niño pueda constituirse, que ese deseo exista es necesario para el psiquismo de un niño, pero también es necesario para el psiquismo de un niño que su madre desee más allá de él.
Que el niño colme, complete, el deseo de la madre no dejando espacio para desear como mujer (un hombre, un estudio, una salida con amigas, etc.) produce síntomas muy graves en la madre y en el hijo. Relegarse como mujer en nombre del amor por los hijos no es una buena elección para ninguna de las partes. La mujer debe ser madre, pero al mismo tiempo ser mujer. Allí es donde está el límite del amor, en la necesidad femenina de un deseo que no se cierra con la maternidad.
Así como no es posible construir un universal de cómo ser mujer, tampoco es posible determinar cómo ser madre. Una por una, cada mujer se sitúa frente a la maternidad desde la posición que puede o encuentra, pero no siempre esa posición es la más sana para la relación con sus hijos. No todas las posiciones son buenas, y esto es independiente del esfuerzo o sacrificio que impliquen.
Con un No todo empezaba esta nota y es justamente porque se trata de encontrar el equilibrio. Tanto la falta como el exceso causan complicaciones en los niños, por eso es nuestra responsabilidad como padres detenernos a pensar como estamos acompañando a nuestros hijos en su crecimiento y si surgen inquietudes poder consultarlas con un profesional que pueda orientarnos allí donde el camino parece confundirse.
Lic. Sandra Facchín. Psicóloga. M.N: 50.723 / M.P: 83.836.
Consultas y asesoramiento al: 15-4050-1090.